Oír por primera vez

El siguiente video me ha parecido muy emocionante. Se puede ver la reacción de una chica de 29 años sorda de nacimiento cuando le activan por primera vez el implante coclear.

Llama la atención lo bien que es capaz de hablar, algo que dice mucho de su empeño y del buen trabajo de los terapeutas que le han enseñado. Otro detalle significativo que se puede observar en el video es que a pesar de que ahora es capaz de oír los sonidos, sigue recurriendo a la lectura de los labios para entender lo que le dicen.

(Descubierto gracias a @kurioso)

Música para sordos

Imagina que estás viendo una película de terror.

No hay diálogo, sólo una música inquietante mientras el asesino se acerca sigilosamente por la espalda a su víctima.

Tienes el sonido apagado, así que no oyes la música.

Los subtítulos ponen: «Música de terror sonando».

No impresiona demasiado, ¿verdad?

Situaciones como esta dieron la idea a un equipo de investigación de la Universidad Ryerson de Canadá para desarrollar una silla que permita  sentir la música por medio de vibraciones a las personas sordas (y también a las no sordas).

Seguramente todos hemos experimentado alguna vez cómo al acercar las manos a un altavoz podemos sentir perfectamente su vibración. El problema con esto es que normalmente sentimos sólo la vibración de las frecuencias bajas, que enmascaran a las altas. La silla que han desarrollado tiene esto en cuenta, y presenta las distintas frecuencias en distintas partes del cuerpo, para que puedan ser sentidas todas ellas por igual, al igual que hace nuestro oído en la cóclea.

La silla, que han llamado Emoti-Chair, tiene no obstante un gran problema: es muy ruidosa, ya que las vibraciones en la espalda se generan con altavoces de baja calidad.

La experiencia se completa añadiendo información visual a la táctil. Cuando un músico interpreta una pieza, sus gestos y movimientos también nos transmiten información sobre lo que está tocando. Así, por ejemplo, si está interpretando un pasaje melancólico, sus movimientos también serán melancólicos.

(Imagen: psych.ryerson.ca)

El efecto Lombard

Vayamos al año 1909. En esa época muchos médicos utilizaban un aparato recién patentado por Robert Bárány (1876-1936) que introducía un ruido de nivel alto en uno de los oídos del paciente para poder examinar el otro simulando condiciones monoaurales. Uno de los usuarios de este dispositivo era el otorrinolaringólogo Etienne Lombard (1869-1920), quien se dio cuenta de un curioso efecto, que además no parecía producirse de modo consciente: cuando el ruido comenzaba, el paciente tendía a elevar el nivel de su voz, el cual volvía a la normalidad justo al cesar el ruido. Este efecto, que hoy conocemos como efecto Lombard, ha tenido una gran importancia en varias áreas de investigación distintas:

  1. Permitió diseñar test para determinar las pérdidas auditivas de un paciente, y en concreto si éstas están siendo simuladas.
  2. Produjo importantes avances en el estudio de la comunicación vocal en presencia de ruido.
  3. Influyó en el estudio de las relaciones dinámicas existentes entre la audición y la producción de voz.
  4. Motivó el modelado de la producción de voz como un servomecanismo.

En este post me voy a centrar en el primer punto, y dejaré los restantes para futuras entradas.

En sus experimentos, Lombard observó que si se tomaba un sujeto con una audición normal y se le introducía ruido en uno de los dos oídos, el paciente tendía a subir ligeramente la voz, mientras que si el ruido se introducía en los dos oídos a la vez subía mucho más la voz, llegando incluso a gritar. Si el paciente tenía pérdidas unilaterales (en uno de los dos oídos), y el ruido se le presentaba en el oído enfermo, el paciente apenas subía la voz, mientras que si el ruido estaba en el oído sano, el paciente comenzaba a gritar, igual que hacía el paciente sano frente a ruido binaural.

Efecto Lombard

A partir de estas observaciones se puede establecer el siguiente test:

  • Se introduce ruido en uno de los oídos del paciente y se le pide que hable o lea algo.
  • Si no se observa el efecto Lombard (es decir, el paciente habla en un tono normal), entonces el paciente no tiene pérdidas en el otro oído.
  • Si el paciente habla gritando, esto es, se observa el efecto Lombard, entonces podemos concluir que tiene pérdidas auditivas totales o severas en el otro oído.

Este test nos permite saber, por tanto, cuándo una persona está fingiendo, por la razón que sea, tener pérdidas auditivas en uno de sus oídos. Si las supuestas pérdidas son bilaterales basta con presentarle ruido en los dos oídos, y el procedimiento es igual de sencillo.

A lo largo de los años se han realizado muchos experimentos para verificar la robustez de los tests basados en el efecto Lombard. Se pudo observar que algunos sujetos, con una buena dosis de entrenamiento, son capaces de aprender a fingir el efecto. No obstante, en paralelo con todos estos estudios también se comprobó que estos engaños no suelen funcionar si tenemos en cuenta que el efecto Lombard no sólo afecta al nivel de la voz, sino también a su frecuencia fundamental o a la duración de la articulación de los sonidos. Se observó, por ejemplo, que cuando se intenta fingir el efecto se tiende a subestimar el cambio de intensidad en el nivel de voz, y a exagerar el cambio de la frecuencia fundamental.

Otra curiosidad de este efecto es su influencia en la música coral. Los cantantes de coros escuchan menos de lo normal su propia voz debido al sonido del resto de los cantantes que les rodean. Esto hace que la gente en los coros tienda a cantar a un nivel más elevado del adecuado, siendo tarea del director el controlarles.

Por cierto, Lombard mantuvo una disputa con Bárány por la autoría de este descubrimiento. Finalmente se demostró que Lombard tenía razón. Bárány terminó obteniendo el premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre el aparato vestibular del oído.

El test de Lombard no es el único que existe hoy en día para verificar si una persona está fingiendo tener más o menos pérdidas auditivas de las que realmente tiene. Existen muchos otros como el test de Azzi, el de Stenger, etc., pero eso mejor lo dejamos para otro día.