La música que nos emociona

¿Por qué es capaz de hacernos llorar una canción? Esta pregunta se la hizo John Sloboda, de la Universidad de Keele, quien hizo que 83 personas escucharan pasajes musicales y respondieran a una serie de preguntas sobre sus emociones.

La conclusión que obtuvo fue que las respuestas emocionales causadas por la música se deben a los juegos establecidos entre confirmaciones y violaciones de las expectativas de quien escucha la música. Así, se observó que cuando esperamos que la melodía vuelva a la tónica, se producían respuestas emocionales tanto cuando esta llegada se retrasaba como cuando llegaba finalmente.

Es decir, cuando una canción nos hace llorar, lo que parece que ocurre es que nuestro sistema nervioso ha sido estimulado al excitar, frustrar y satisfacer continuamente nuestras expectativas.

Otro tipo de teorías explican estas reacciones en base a la evolución de la música, al parecer a partir de todos los reclamos emocionales, como gemidos, llantos, gritos, lamentos, risas, etc. Así, según esta teoría la música provoca fuertes emociones porque en última instancia su esqueleto está ligado a este tipo de reclamos.

(Vía Genciencia)
(Foto: pro.corbis.com)

Música para aeropuertos

El ex-miembro de Roxy Music Brian Eno, tuvo en 1975, tras quedar atrapado en el aeropuerto de Colonia, la idea de componer música adecuada para ser reproducida en la instalación de sonido de un aeropuerto, acuñando para ello el término de ambient music. Esta música tenía como objetivo integrarse con los sonidos del entorno, y así acompañar y permitir evadirse a los viajeros en su estancia en el aeropuerto.

Ahora, en 2010, se presenta un nuevo proyecto, denominado Music for Real Airports, de la mano del grupo The Black Dog y el artista visual Human. Este proyecto, planteado como una actualización de la obra de Brian Eno, persigue un objetivo totalmente distinto, mucho más conceptual, ya que pretende explorar la naturaleza de estos espacios, marcadamente deshumanizadores, y examinar su naturaleza.

(Vía: RetroRiff)

Tu cerebro y la música

Hacía tiempo que tenía ganas de escribir sobre este libro: «Tu cerebro y la música. El estudio científico de una obsesión humana». Su autor, Daniel J. Levitin, trabajó como productor musical con músicos de la talla de Santana, y ahora es catedrático en la Universidad de McGill, en Canadá, donde dirige el laboratorio de percepción musical y cognición.

El libro pretende acercarnos al estudio de la percepción musical desde el punto de vista de la neurociencia cognitiva. Se trata de un texto accesible a todos los públicos, sin necesidad de ser un experto en el tema. Así, los primeros capítulos se dedican a introducir, de forma muy sencilla y con multitud de ejemplos prácticos, conceptos básicos como ritmo, armonía, pitch o timbre. A partir de ahí, cada capítulo se dedica a analizar un aspecto concreto de la percepción musical. De este modo temas como la formación de los gustos musicales, la respuesta de nuestro cerebro ante la música, cómo se puede jugar con nuestra capacidad de anticipación para generar interés o sorprender al oyente, o las emociones que la música es capaz de generarnos, se van tratando con detalle. El libro se complementa con una página web en la que se pueden escuchar buena parte de los temas musicales a los que hace referencia a lo largo del texto, que van desde Mozart hasta Van Halen.

A pesar de tratarse de un libro muy divulgativo, incluye una extensa bibliografía que lo hacen estar más que bien fundamentado, y que permiten a aquel que desee saber algo más, adentrarse en este mundo, tan apasionante como desconocido.

En definitiva, un libro excelente para cualquiera a quien le guste la música y quiera aprender algo más sobre su influencia en nuestro cerebro, y todos los detalles que nuestro cerebro es capaz de percibir y analizar de los que muchas veces no somos conscientes.

Por cierto que si te animas a leerlo, y te apetece  debatir sobre él, lo puedes hacer en Madrid el próximo día 17 de marzo a las 20:00 en la librería Aquí la Ciencia (C/ Acuerdo, 10). Cualquiera puede asistir, y basta con enviar un correo a aquilaciencia@aquilaciencia.es para poder prever el número de asistentes.

Jazz y robots

Pat Metheny es uno de los grandes referentes en la música jazz contemporánea, atesorando el solito 17 premios Grammy, 10 de ellos consecutivos, algo que nadie más ha logrado. Ahora vuelve con un nuevo proyecto, Orchestrion, en el que comparte banda con un grupo de máquinas y artilugios mecánicos que se encargan de manejar los instrumentos controlados por un ordenador. El proyecto ha sido realizado por el grupo LEMUR (League of Electronic Musical Urban Robots), quienes han trabajado en el desarrollo durante algo más de un año. El resultado es una orquesta con 40 instrumentos robotizados, que incluyen por ejemplo guitarras, xilófonos y percusiones.

El resultado es sorprendente, y para comprobarlo, estará de gira por España la semana que viene (18 en Madrid, 19 en Valladolid, 20 en Logroño y 21 en Barcelona). Como muestra, el siguiente video:

El Bolero de Ravel: ¿producto de una mente enferma?

El Bolero de Ravel es quizás una de las piezas de música más escuchadas de todos los tiempos. La obra consiste en una melodía que se repite una y otra vez in crescendo, y en la que van apareciendo y combinándose los distintos instrumentos de la orquesta: flauta, clarinete, fagot, etc.

Al parecer, según algunos estudios, Ravel escribió esta obra mientras sufría una enfermedad que le había dañado la parte izquierda de su cerebro, y que terminó privándole de toda capacidad escribir música y hablar.

De forma muy simplificada, podemos afirmar que la percepción del timbre (todo aquello que nos permite distinguir el sonido de un instrumento musical del de otro) se localiza principalmente en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la percepción del pitch (lo que nos permite reconocer las notas musicales tocadas por un instrumento), se localiza en el hemisferio izquierdo.

A pesar de tratarse de pieza musical compleja, tanto desde el punto de vista rítmico como armónico, sí que se puede ver como una primera muestra del desequilibro existente entre las dos partes de su cerebro debido a su enfermedad. Así, en esta obra el hemisferio derecho se sobrepone al debilitado hemisferio izquierdo en la forma de una enorme riqueza tímbrica, muy distinta a la que se puede encontrar en sus obras anteriores.