Música y mensajes satánicos

Hace tiempo que no hablo de mitos relacionados con el audio, así que hoy toca hablar de ello: ¿Quién no ha oído hablar de los famosos mensajes satánicos que se pueden escuchar cuando se reproduce un disco al revés?

Uno de los primeros ejemplos de mensajes ocultos en canciones es el que supuestamente declaraba que Paul McCartney había muerto. Según esta leyenda, difundida en 1969, al reproducir el final de la canción «I’m so tired» de los Beatles al revés, se puede escuchar «Paul is dead man, miss him, miss him«.

Otro ejemplo muy conocido es el de la canción «Stairway to Heaven«, de Led Zeppelin. Al parecer, esta canción esconde un mensaje satánico audible si la reproducimos al revés.

La mejor forma de verificar o refutar un mito como este es intentar probarlo uno mismo. Para ello vamos a escuchar en primer lugar el fragmento sospechoso de la canción:

Supuestamente, si reproducimos al revés este fragmento, descubriremos el famoso mensaje satánico. Vamos allá:

¿Qué? ¿No lo has entendido? No pasa nada. Puedes volver a intentarlo pero esta vez con un poco de ayuda: pulsa sobre este enlace para ver la letra del mensaje oculto en la canción, y que así te sea más sencillo.

¿A que ahora sí que se entiende perfectamente?

Entonces, ¿era verdad? ¿Existe un mensaje satánico oculto en la canción? Pues no, lo siento, nada más lejos de la realidad. En la canción no existe ningún mensaje oculto, o si no, habríamos sido capaces de entenderlo a la primera.

Lo que en realidad sucede es que al tener delante y poder leer la letra del supuesto mensaje, se ha modificado nuestro patrón de percepción del sonido. El hecho de que nos muestren lo que supuestamente debemos escuchar, modifica nuestro comportamiento, y hace que intentemos escuchar lo que supuestamente deberíamos.

Este fenómeno, conocido como efecto observador-expectativa tiene muchas implicaciones a la hora de realizar cualquier experimento que involucre a personas. En estos casos es muy fácil que la persona que dirige el experimento pueda influenciar el comportamiento de los participantes en el mismo. Para evitarlo normalmente se recurre a técnicas de doble ciego, en las que el propio director del experimento desconoce la solución correcta, para evitar que influencie de cualquier forma a los participantes.

Con este fenómeno se puede jugar para obtener efectos muy divertidos. Así, si escuchamos el siguiente fragmento del «Money for Nothing» de los Dire Straits podremos oír claramente la frase «Baby quiero queso roñoso»

Por supuesto la letra no dice nada de eso (en realidad dice «Maybe get a blister on your thumb«). Si la volvemos a escuchar, pero ahora teniendo en cuenta la letra real de la canción, todo volverá a estar en su sitio.

Hay que decir que esta técnica, conocida como backmasking, se ha utilizado de forma deliberada en muchos discos bien sea como recurso creativo, o como forma para eludir la censura. En el primer caso un ejemplo son los Beatles, quienes utilizaron grabaciones tanto de voz como de instrumentos reproducidas al revés en su disco Revolver. En cuanto a su uso para introducir mensajes deliberados, la diferencia que existe con los faltos mensajes satánicos, es que cuando se escucha la grabación en el sentido normal tan sólo se escucha ruido ininteligible. Algunos músicos que han aprovechado esta técnica son Frank Zappa, Ozzy Osbourne o Roger Waters.

Incluso en casos deliberados como estos, existen multitud de estudios que demuestran que el uso de estas técnicas no tiene ninguna influencia en la actitud del oyente, y que su uso para transmitir mensajes no tiene ningún sentido. Se trata sencillamente de una curiosidad sin más repercusiones.

Por cierto, que el hecho de que alguien sea capaz de «identificar» estos mensajes también tiene nombre: pareidolia. Se trata de un fenómeno psicológico según el cual un estímulo vago y aleatorio es percibido erróneamente como una forma reconocible. Se trata de lo mismo que ocurre cuando vemos una nube y decimos que tiene forma de algo conocido. En el caso del sonido, lo que sucede es que de algún modo estamos programados para escuchar voz, y por eso intentamos buscar patrones de voz a sonidos, aunque no tengan sentido.

Como anécdota final, dejo aquí un video de un capítulo de los Simpson en el que hacen una parodia de todo esto. La canción tiene un estribillo que dice «Yvan Eht Nioj», lo cual, reproducido al revés, se convierte en «Join the Navy».

(Imagen: mindsturbate.wordpress.com)

¿Los patos no producen eco?

Hoy toca una de mitos. Existe uno bastante difundido que dice que los graznidos de los patos no producen eco. La verdad es que no tengo ni idea de dónde ha salido este mito, pero es muy fácil encontrárselo en los típicos correos con listas de cosas curiosas (y muchas veces falsas).

Un eco, para entendernos, se produce cuando nos llega una copia del sonido original retardada y con un nivel de energía lo suficientemente alto. De forma aproximada se puede considerar que una señal se percibe como un eco si nos llega con un retardo superior a 50ms (en caso contrario nuestro sistema auditivo lo integraría con el sonido original) y con un nivel no más de 10dB inferior al de la señal original (ya que si no quedaría enmascarado por el sonido original).

Si echamos cuentas, en 50ms el sonido recorre una distancia de aproximadamente 17 metros. Por lo tanto siempre que tengamos una sala con una longitud de más de 8 metros y medio tendremos el riesgo de que se produzca un eco. El problema se soluciona utilizando materiales absorbentes que reduzcan la amplitud del sonido reflejado, o difusores que contribuyan a dispersar el sonido. De todo esto se puede extraer la siguiente conclusión: la aparición o no de un eco depende de la distancia hasta el objeto que refleja el sonido, pero en ningún caso del tipo de sonido.

Por si con esto no fuese suficiente para desmentir el mito, hace unos años unos investigadores de la Universidad de Salford decidieron tomar un pato (de nombre Daisy para más señas) y grabar su sonido en diversas condiciones acústicas. El resultado, como era de esperar, demuestra que el graznido del pato no es inmune a las leyes de la física y por tanto produce eco como cualquier otro sonido. Trevor Cox, el director del estudio, concluye diciendo que, aunque es cierto que el sonido del pato produce eco, éste no es fácil de escuchar, ya que el sonido no tiene las características óptimas para que el eco resulte claramente perceptible. Para escuchar fácilmente un eco es preferible contar con sonidos fuertes y cortos, todo lo contrario del graznido del pato.