Escuchar a Mozart no nos hace más listos

Todos aquellos que estuviesen escuchando a Mozart a todas horas con la esperanza de ver incrementada su inteligencia ya pueden dejar de hacerlo.

Un estudio de la Universidad de Viena ha confirmado lo que muchos ya sospechábamos: que la música de Mozart no nos hace más listos. Esa idea se generó a raíz de un controvertido estudio publicado por la Universidad de California, en el que se concluía que la gente que escuchaba a Mozart desarrollaba una mejor visión espacial.

Con todo, escuchar a Mozart sigue siendo muy recomendable, aunque no nos haga más listos.

(Vía AlphaGalileo)

¡Cállate que no te oigo!

Un estudio de la Universidad del Sur de California demuestra que las películas mudas generan patrones de sonido en nuestro cerebro. Cuando vemos una película sin sonido, nuestro cerebro intenta rellenar la banda sonora que falta, basándose en las imágenes que aparecen en la pantalla, que son responsables de generar los recuerdos necesarios.

El experimento se realizó haciendo una resonancia magnética a los voluntarios mientras se les proyectaba una película sin sonido. Los trozos de video incluían escenas que implicaban claramente un sonido: un ladrido de un perro, un instrumento musical, monedas cayendo al suelo, etc. Eso sí, todos en silencio.

Los resultados de los escáneres mostraron que el cortex auditivo permanecía activo. Es decir, los estímulos visuales por sí solos eran capaces de activar las partes del cerebro que procesan los sonidos. Lo más curioso de los resultados es que se observó que la actividad cerebral variaba según el tipo de sonido (un animal, un instrumento musical o un objeto).

¿Cómo podemos distinguir la diferencia entre un sonido real y uno que está siendo generado por nuestro cerebro? Los sonidos que se generan en el cerebro no son tan «claros» como los sonidos reales, lo que hace que seamos capaces de distinguirlos. Este trabajo podría, al parecer, arrojar algo de luz sobre el tema de las alucinaciones, ya sean visuales o auditivas, en las que la gente piensa que están escuchando sonidos reales cuando en realidad están siendo generados por el cerebro.

(Vía guardian.co.uk)