Música para sordos

Imagina que estás viendo una película de terror.

No hay diálogo, sólo una música inquietante mientras el asesino se acerca sigilosamente por la espalda a su víctima.

Tienes el sonido apagado, así que no oyes la música.

Los subtítulos ponen: «Música de terror sonando».

No impresiona demasiado, ¿verdad?

Situaciones como esta dieron la idea a un equipo de investigación de la Universidad Ryerson de Canadá para desarrollar una silla que permita  sentir la música por medio de vibraciones a las personas sordas (y también a las no sordas).

Seguramente todos hemos experimentado alguna vez cómo al acercar las manos a un altavoz podemos sentir perfectamente su vibración. El problema con esto es que normalmente sentimos sólo la vibración de las frecuencias bajas, que enmascaran a las altas. La silla que han desarrollado tiene esto en cuenta, y presenta las distintas frecuencias en distintas partes del cuerpo, para que puedan ser sentidas todas ellas por igual, al igual que hace nuestro oído en la cóclea.

La silla, que han llamado Emoti-Chair, tiene no obstante un gran problema: es muy ruidosa, ya que las vibraciones en la espalda se generan con altavoces de baja calidad.

La experiencia se completa añadiendo información visual a la táctil. Cuando un músico interpreta una pieza, sus gestos y movimientos también nos transmiten información sobre lo que está tocando. Así, por ejemplo, si está interpretando un pasaje melancólico, sus movimientos también serán melancólicos.

(Imagen: psych.ryerson.ca)

Micrófono de humo

En la actualidad, casi todos los micrófonos basan su funcionamiento en la existencia de una lámina o diafragma, cuyo movimiento debido a las vibraciones producidas por las ondas sonoras, es aprovechado para convertir dicho sonido en una señal eléctrica. La presencia del diafragma es precisamente una de las limitaciones de los micrófonos, ya que su masa e inercia provocan distorsiones, agradables o no, en el sonido.

Hace un par de meses se presentó un nuevo concepto para micrófonos: el micrófono de láser-humo. Este invento utiliza una columna de humo cuyos movimientos, causados por el sonido, son captados por un haz de rayo láser. En teoría, al tener una masa prácticamente nula, las partículas de humo deberían reaccionar al sonido mucho mejor de lo que lo haría un diafragma. Al menos en teoría.

En el siguiente video se puede ver a su inventor, David Schwartz (quien también es uno de los padres del mp3), explicando cómo funciona el artilugio. La calidad de sonido que obtiene es paupérrima, pero se trata sólo de un prototipo para comprobar la viabilidad de la idea.

Repelente de adolescentes

Hace un mes se hicieron públicos los nombres de los ganadores de los premios IgNobel de este año. Para quien no los conozca, estos premios, entregados por la revista Annals of Improbable Research, reconocen la realización de investigaciones que al principio pueden causar risa, pero que después nos hacen pensar.

Algunos de los trabajos premiados este año son: el estudio que demuestra que las vacas que tienen nombre dan más leche que las que no lo tienen (premio de Veterinaria), el que determina si es mejor ser golpeado en la cabeza con una botella llena de cerveza (premio de la Paz) o el que demuestra analíticamente por qué las mujeres embarazadas no se caen hacia delante (premio de Física). Por cierto que los últimos españoles en ganar uno de estos premios fueron unos investigadores de la Universidad de Barcelona, que demostraron en 2007 que algunas ratas tienen problemas para diferenciar entre una persona hablando japonés al revés y una persona hablando holandés al revés.

Pues bien, a lo que vamos. El premio de la paz de 2006 se otorgó a los inventores de un sistema para repeler a los adolescentes, que comercializan bajo el nombre de «mosquito«. El sistema se basa en la emisión de sonidos con una frecuencia de 17kHz, inaudibles para la mayor parte de las personas mayores de 20 años, pero muy molestos para los adolescentes. Actualmente el uso de este dispositivo está siendo muy cuestionado en muchos países por sus posibles efectos nocivos para la audición y por discriminar a los jóvenes por su edad independientemente de su comportamiento.

Aunque normalmente se afirma que todos tenemos la capacidad para oír sonidos de hasta 20kHz, esto no es cierto, ya que con la edad tendemos a perder la capacidad de oír sonidos de altas frecuencias. Así, una persona en torno a los 30 años es normal que no sea capaz de percibir sonidos por encima de los 15kHz. De hecho, la gran mayoría de los codificadores de audio de los que hablaba en mi anterior entrada hacen uso de este efecto, y descartan todos los sonidos por encima de esta frecuencia. Para comprobar nuestro grado exacto de audición lo más adecuado es acudir a un especialista, que nos realizará una audiometría y nos podrá decir si sufrimos algún tipo de pérdida auditiva. No obstante, en esta página se pueden escuchar sonidos de distintas frecuencias para hacernos una idea de lo que aquí estamos hablando.

Por cierto, que no todo son malas noticias para los adolescentes. Las mismas personas que comercializaron el «mosquito» decidieron aplicar el mismo principio para diseñar tonos de móviles audibles para los adolescentes pero no para sus profesores.