¿Cómo escuchamos? Organización secuencial vs. simultánea

Cuando escuchamos música (y en general cualquier sonido), tendemos a agrupar los sonidos siguiendo una serie de reglas de modo que nos sea más sencillo analizarlos e identificarlos. Podemos imaginar esto como que etiquetamos cada sonido que nos llega, y, en función de esas etiquetas, los agrupamos en objetos o «paquetes» de sonidos.

Así, por ejemplo, cuando escuchamos música clásica, no escuchamos 20 violines por separado, sino que agrupamos todos estos sonidos en un solo objeto que son «los violines». Este proceso, además, puede ser controlado de forma consciente. De este modo, si uno de los violinistas es, por ejemplo, nuestro hijo, no mezclaremos el sonido de su violín con el resto, sino que lo mantendremos «aparte», prestándole una especial atención.

A la hora de hablar de la organización de los sonidos se suele distinguir entre organización secuencial y organización simultánea. La primera sucede cuando agrupamos dos sonidos en el mismo paquete por venir seguidos, uno a continuación del otro. El segundo tipo de organización se refiere a cuando agrupamos dos sonidos simultáneos pero cuyas frecuencias los hacen sonar bien juntos.

Para entenderlo mejor, imaginemos que generamos un sonido como el que se muestra en la figura. Se trata de tres tonos (tres notas), A, B y C. La primera suena separada del resto, mientras que B y C suenan exactamente al mismo tiempo. Si jugamos un poco con la distancia entre B y C, así como con la distancia entre B-C y A, podemos intentar forzar a que, al escuchar, prime un tipo de organización sobre la otra.

Para verlo mejor vamos a probar con un par de casos extremos. En primer lugar supongamos que hacemos sonar los sonidos de forma que B sea una nota claramente distinta a A. Lo que haremos erá oír el par B-C como un acorde, que suena alternando con la nota A, tal y como se puede escuchar aquí:

[audio http://enriquealexandre.es/wp-content/uploads/2010/04/Continuidad1.mp3]

Lo que ha sucedido es que hemos forzado una organización simultánea, ya que lo que estamos haciendo es agrupar los dos sonidos B y C como si fueran uno solo. En la figura de la derecha se intenta representar de forma gráfica: uno de los objetos sonoros sería el marcado en verde (la nota A), y el otro, lo constituyen las notas B y C juntas, marcado en rojo.

Ahora vamos a mover la nota B, y hacer que sea muy parecida a la nota A. Tan sólo con este cambio conseguimos que lo que se oiga sea una nota A que se mantiene constante todo el tiempo, mientras que de vez en cuando aparece una nota (la C) por encima, que ya no suena integrada con la B:

[audio http://enriquealexandre.es/wp-content/uploads/2010/04/Continuidad2.mp3]

En este caso lo que hemos hecho es enfatizar la organización secuencial, de modo que las notas A y B se integran, mientras que la C no se llega a fundir con ellas. Los objetos sonoros en este caso han cambiado, pasando a ser como se muestra en la figura de la derecha.

En términos musicales estos dos efectos se suelen denominar organización horizontal y vertical respectivamente. La organización horizontal es la responsable de que una secuencia de notas se perciba como una melodía, mientras que la organización vertical hace que podamos interpretar notas tocadas a la vez como un acorde.