El Bolero de Ravel: ¿producto de una mente enferma?

El Bolero de Ravel es quizás una de las piezas de música más escuchadas de todos los tiempos. La obra consiste en una melodía que se repite una y otra vez in crescendo, y en la que van apareciendo y combinándose los distintos instrumentos de la orquesta: flauta, clarinete, fagot, etc.

Al parecer, según algunos estudios, Ravel escribió esta obra mientras sufría una enfermedad que le había dañado la parte izquierda de su cerebro, y que terminó privándole de toda capacidad escribir música y hablar.

De forma muy simplificada, podemos afirmar que la percepción del timbre (todo aquello que nos permite distinguir el sonido de un instrumento musical del de otro) se localiza principalmente en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la percepción del pitch (lo que nos permite reconocer las notas musicales tocadas por un instrumento), se localiza en el hemisferio izquierdo.

A pesar de tratarse de pieza musical compleja, tanto desde el punto de vista rítmico como armónico, sí que se puede ver como una primera muestra del desequilibro existente entre las dos partes de su cerebro debido a su enfermedad. Así, en esta obra el hemisferio derecho se sobrepone al debilitado hemisferio izquierdo en la forma de una enorme riqueza tímbrica, muy distinta a la que se puede encontrar en sus obras anteriores.