¿Triunfará esta canción? Pregúntale a twitter

La posibilidad de saber de antemano si una determinada canción está llamada a triunfar en el mercado resultaría muy interesante para la industria discográfica.

En este sentido, muchos grupos de investigación de todo el mundo se han dedicado a intentar resolver este problema. La aproximación más frecuente consiste en extraer de la música una serie de características (ritmo, letra, etc.) que de algún modo pueden ser capaces de determinar su potencial a la hora de convertirse en un éxito. La fiabilidad de todos estos sistemas es relativa, en torno a un 80%.

Recientemente, un equipo de investigadores alemanes ha propuesto añadir información extraída de las redes sociales para mejorar los resultados de dichos sistemas de predicción. La hipótesis de partida es que la gente no decide de forma independiente lo que le gusta, sino que le gusta lo que piensan que también gusta a otra gente, una máxima defendida por el profesor de la Universidad de Columbia Duncan J. Watts.

Con esta idea en mente, probaron a utilizar información de last.fm (popularidad, canciones anteriores del mismo artista, número de oyentes, evolución de número de oyentes, etc.). Con todo esto son capaces de mejorar ligeramente los resultados conseguidos cuando sólo se utiliza información extraída de la música.

Por cierto, que recientemente, investigadores de la Universidad de Indiana han sido capaces de predecir Por si fuera poco, en la Universidad de Indiana han logrado predecir los resultados de la bolsa con hasta 6 días de antelación siguiendo el estado de ánimo de los usuarios de Twitter a nivel mundial.

¿Quién ha dicho que Twitter es una pérdida de tiempo?

Para saber más:

(Imagen: Wareseeker)

¿Podemos predecir el futuro?

Más de uno podrá pensar, a la vista del título de la entrada, que me he vuelto loco. Pues no, al menos no tanto. Y tampoco es que haya tenido ninguna revelación que me haya hecho empezar a creer en la posibilidad de adivinar el futuro. La entrada viene al caso de este artículo, que se publicará en breve en la revista Journal of Personality and Social Psychology, en el que supuestamente, y según su autor, se demuestra cómo eventos futuros pueden influir en nuestras respuestas presentes.

Lo interesante de los experimentos realizados, es que fueron diseñados siguiendo procedimientos estándar utilizados en psicología. La única diferencia es que se realizaron invirtiendo el orden cronológico normal de los acontecimientos.

Por ejemplo, un experimento clásico consiste en mostrar a un sujeto una imagen y pedirle que la categorice como agradable o desagradable. En muchos experimentos se ha demostrado que si justo antes de mostrar la imagen se muestra al sujeto de forma muy rápida la palabra “agradable” o “desagradable”, sin dar tiempo a que la vea de forma consciente, el tiempo de reacción del sujeto (el tiempo que tarda en tomar la decisión) cambia. Así, si ponemos la palabra “agradable” y la imagen efectivamente lo es, el tiempo de reacción será más corto de lo normal, mientras que si ponemos la palabra “agradable” antes de una imagen desagradable dicho tiempo será más largo del habitual.

El experimento realizado en este estudio da la vuelta a esto, y lo que hace es mostrar la imagen, esperar a que el sujeto tome una decisión y luego mostrarle de forma aleatoria la palabra “agradable” o “desagradable”. Al parecer, según los resultados mostrados en el artículo, el tiempo de reacción del sujeto fue menor cuando el texto mostrado era consistente con el contenido de la imagen, a pesar de que dicho texto se le mostraba después de haber tomado la decisión.

En otro de los experimentos realizados, se les decía a los participantes que iba a aparecer una imagen erótica en la pantalla, en una de dos posibles posiciones. El participante debía adivinar en qué posición iba a aparecer dicha imagen. El resultado final es que los participantes acertaban un 53,1% de las veces, un valor muy poco por encima del 50% pero que aún así es estadísticamente significativo como para no poder considerarse casualidad.

Lo más sorprendente es que el artículo ha conseguido pasar a través de todo el proceso de revisión por pares, el cual ha sido incapaz de encontrar fallos de base o de método aunque tampoco nos engañemos, eso no garantiza que esté libre de errores. La revista publicará previsiblemente antes de año el artículo junto con un editorial escéptico en el que se anime a los lectores a intentar replicar los resultados. Por lo visto ya ha habido algún intento de hacerlo, aunque por el momento sin éxito.

Cuando leí esta noticia, me recordó, de algún modo, al experimento de la doble rendija de la física cuántica, en el que se observa que los electrones actúan de forma distinta cuando son observados. El siguiente video lo explica de forma muy sencilla:

Hace unos años se modificó este experimento, y se observó que el comportamiento era el mismo incluso si la observación se producía a posteriori. Es decir, es como si las partículas actuasen sabiendo que luego iban a ser observadas.

Personalmente me resulta muy complicado creer en temas como la precognición o la premonición, y si bien es cierto que es necesario ser escéptico a la hora de aceptar los resultados sin antes probarlos, no menos importante es evitar cualquier tipo de prejuicio que nos incite a rechazarlos de forma injustificada. Quizás una cosa es que percibamos el tiempo de forma lineal y otra que lo sea, no lo sé.

El método científico exige que se garantice la reproducidibilidad y la falsabilidad de un experimento. Es necesario por tanto esperar a que alguien consiga o bien reproducir los resultados de este estudio, o refutarlo definitivamente. En el caso de que se consiga confirmar, entonces toca intentar explicarlo.

Como mínimo, el artículo ha levantado una buena polvareda, y tiene garantizado recibir un buen número de citas, ya sean buenas o malas. Eso, el tiempo lo dirá.

(Fuente: New Scientist)