Heroínas del audio

Hoy, 11 de febrero, se conmemora el día de la mujer en Ciencia, y desde muchos blogs se está promoviendo la publicación de entradas explicando quién es tu científica favorita. Yo no voy a elegir una favorita, sino que voy a hablar de tres mujeres que han realizado trabajos de gran importancia en el mundo de la acústica y el audio.

Marie-Sophie Germain (1776-1831)

Sophie Germain
Marie-Sophie Germain

Sophie Germain era una matemática, física y filósofa francesa que, además de sus famosos trabajos sobre los números primos, también realizó estudios de vibración de placas metálicas para intentar desarrollar una teoría matemática de la vibración de superficies elásticas. Tras varios años de trabajo, consiguió el premio de la Academia de las Ciencias de París, siendo la primera mujer en recibir dicho galardón. Durante 7 años no pudo acudir a las sesiones de la Academia al estar prohibido el acceso a cualquier mujer excepto las parejas de los académicos. Finalmente, gracias a su amistad con Joseph Fourier, secretario de la Academia, consiguió invitaciones para acudir a las sesiones.

Durante toda su vida fue discriminada por ser mujer, y nunca pudo desarrollar una carrera como matemática, debiendo trabajar independientemente a lo largo de su vida.

Delia Derbyshire (1937-2001)

Delia Derbyshire
Delia Derbyshire

Pionera de la música electrónica, trabajó para el taller radiofónico de la BBC, en donde creó la famosa sintonía de la serie de la BBC Doctor Who junto con Ron Grainer. Se trata de una de las primeras sintonías para televisión compuestas exclusivamente mediante equipos electrónicos.

Grainer intentó conseguir que su nombre figurase como co-compositora, pero le fue imposible debido a las reglas de entonces de la BBC, que obligaban a esconder los nombres de sus trabajadores tras distintos pseudónimos. Esta sintonía fue el tema principal de la serie Doctor Who durante sus primeras 17 temporadas en antena.

Hoy en día DeliaDerbyshire es reconocida como una de las primeras precursoras de la música electrónica.

Hedy Lamarr (1914-2000)

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Hedy Lamarr

Nuestra tercera protagonista es muy poco convencional. Hedy Lamarr era una famosa actriz australiana, muy ligada a papeles de femme fatale. Lo verdaderamente interesante es que además también era una prolífica inventora.

En el campo que nos ocupa, inventó, junto con el compositor George Antheil, un sistema para evitar que los torpedos controlados por radio pudiesen ser desviados de su rumbo. El sistema, patentado en 1942, se basaba en cambiar continuamente las señales de radio enviadas al torpedo, dificultando así su posible interceptación. Para ello utilizaba un mecanismo muy parecido al de los rollos de pianola, y aunque por aquel entonces resultaba muy difícil tecnológicamente de implementar, hoy en día está detrás de las actuales técnicas de espectro ensanchado, utilizadas en sistemas como GPS, telefonía móvil, etc.

Fuentes:
https://en.wikipedia.org/wiki/Sophie_Germain
https://en.wikipedia.org/wiki/Delia_Derbyshire
https://en.wikipedia.org/wiki/Hedy_Lamarr

El día que π estuvo a punto de valer 3,2

¿Te imaginas que se apruebe una ley que fije el valor de una constante matemática? Parece algo descabellado pero por increíble que parezca, estuvo a punto de ocurrir. La constante “afectada” era nada más y nada menos que el número π, que estuvo a punto de valer, por ley, 3,2.

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Imagen: Wikimedia Commons

Para conocer la historia debemos trasladarnos al estado de Indiana en el siglo XIX. En esa época vivía allí un médico aficionado a las matemáticas llamado Edward J. Goodwin. Una de las obsesiones de Edward era resolver el viejo problema de la cuadratura del círculo. Este problema consiste en hallar, utilizando sólo regla y compás, un cuadrado que tenga exactamente el mismo área que un círculo. El problema con esto es que es imposible, salvo que eliminemos la restricción de “utilizando sólo regla y compás”.

Se da además la casualidad de que cuando Edward se estaba dedicando a intentar resolver este problema, el matemático Ferdinand von Lindemann ya había demostrado que el número π es un número que no es solución de ninguna ecuación polinómica de coeficientes racionales, lo que en matemáticas se conoce como número trascendente. Una de las consecuencias de que π sea un número trascendente es precisamente la imposibilidad de cuadrar un círculo.

Pero bueno, a lo que íbamos. Nuestro amigo Edward J. Goodwin se dedicaba en sus ratos libres a intentar resolver el problema de la cuadratura del círculo y, no dejándose amilanar por la demostración matemática de von Lindemann, que le condenaba al fracaso, siguió intentándolo hasta que finalmente creyó encontrar una solución. No sólo eso, sino que incluso convenció a la revista American Mathematical Monthly para que publicasen un artículo suyo con la demostración de la resolución del problema. Esta demostración no menciona directamente en ningún momento al número π, pero una de las consecuencias inmediatas era que el valor de dicha constante debería ser 3,2.

Hasta aquí mal, pero la historia no se quedó ahí. A la vista de su “existosa” demostración, Goodwin decidió no sólo publicarla, sino también patentarla, con la idea de cobrar un canon por el uso que otros (matemáticos, profesores, etc.) pudieran hacer de su idea. Pero como en el fondo también tenía su corazoncito, decidió permitir que en su estado natal, Indiana, pudiesen utilizarla gratis, y aquí es donde se organiza el lío completo. El trato que Goodwin ofrece al estado de Indiana es que pueden utilizar su demostración de la cuadratura del círculo gratis si y solo si aceptan adoptar esta “nueva verdad matemática” como ley estatal. Goodwin se las ingenió para convencer al representante Taylor I. Record para que presentase formalmente esta propuesta de ley, conocida formalmente como House Bill 246.

En esta propuesta, que es como poco delirante, se afirma textualmente que “la relación entre el diámetro y la longitud de la circunferencia es de cinco cuartos a cuatro“. La relación entre la longitud de la circunferencia (2·π·r) y su diámetro (2·r) es precisamente π, y como 4 entre 5/4 es igual a 3,2, entonces necesariamente π tiene que valer 3,2. Pero lo mejor es que no se queda ahí, sino que más adelante afirma haber encontrado también las soluciones a los problemas de la trisección del ángulo y de la duplicación del cubo, problemas que dice “han sido abandonados por los científicos por considerarlos misterios irresolubles que se escapan a la capacidad de comprensión humana“. Así, con un par.

Se ve que los legisladores de Indiana no tenían muchas nociones de matemáticas, ya que la propuesta de ley fue prosperando y se llegó a aprobar en la comisión de Educación con el voto unánime de los 67 representantes. Los legisladores no eran capaces de entender el absurdo razonamiento seguido por Goodwin en su demostración, y no eran conscientes de las implicaciones de la aprobación de la propuesta más allá de que su estado iba a poder utilizar gratuitamente una nueva teoría matemática, lo cual no podía ser malo. De hecho, en la sesión se afirmaron cosas como que “…el caso es muy sencillo. Si aprobamos este proyecto de ley que establece un nuevo y correcto valor de π, el autor ofrece a nuestro estado la posibilidad de utilizar su descubrimiento de forma gratuita, además de poder publicarlo en nuestros libros de texto, mientras que todos los demás deberán pagarle derechos“.

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A estas alturas la noticia de que en Indiana se estaba tramitando una ley que redefinía el valor del número π ya se había propagado a todo el país, y muchas revistas y periódicos se hacían eco de la noticia y no salían de su asombro por tan curiosa iniciativa legislativa.

Y aquí hace su aparición nuestro héroe del día. El mismo día en que la propuesta de ley se estaba aprobando en la comisión dio la casualidad de que por allí andaba un matemático llamado Clarence A. Waldo, a quien le llamó la atención que en la asamblea se estuviese discutiendo de matemáticas, así que se acercó a escuchar. Inmediatamente Waldo se dio cuenta de todas las incongruencias presentes en la teoría, y no se lo podía creer. Al parecer, tras el debate algunas personas le ofrecieron presentarle a Goodwin, pero Waldo dijo que ya había conocido a suficientes locos en su vida.

Sin dudarlo, Waldo se dedicó a convencer a los senadores de que aprobar esa propuesta era una idea realmente pésima. Cuando por fin se llegó a debatir en el senado, los senadores se dedicaron a ridiculizar el documento sin compasión durante media hora. Finalmente se pospuso indefinidamente la votación de la propuesta y hasta hoy el estado de Indiana no ha vuelto a intentar reescribir los principios básicos de las matemáticas.

Imagen de cabecera: Kate & Ian, Flickr

Feliz cumpleaños Julio Verne

343px-Félix_Nadar_1820-1910_portraits_Jules_VerneHoy se cumplen 185 años del nacimiento de Julio Verne, uno de los padres de la Ciencia Ficción (aunque él siempre se consideró escritor de literatura científica). En sus más de 50 novelas publicadas se adelantó a su tiempo, describiendo cosas impensables como un submarino propulsado por energía eléctrica cuando los submarinos no eran más que prototipos y la electricidad algo que se conocía pero cuyo uso no estaba generalizado; los telediarios, unos diarios que en lugar de estar impresos eran hablados; las videoconferencias, con su fonoteléfono, que transmitía imágenes mediante espejos sensibles conectados con cables; llevó al hombre a la luna un siglo antes de que sucediese en lar realidad, e incluso una red mundial de comunicaciones que recuerda al Internet de hoy en día.

Aunque este año no ha habido un doodle especial, sí que lo hubo hace dos, y todavía se puede jugar con él, incluso en una versión en HD.

Si tienes un rato, no es un mal momento para ver este capítulo de la serie “Profetas de la Ciencia Ficción” dedicado a Julio Verne, y por qué no, para releer alguno de sus libros.

La primera prueba del efecto Doppler

Todos hemo oído hablar alguna vez del efecto Doppler y lo hemos experimentado en multitud de ocasiones, ya sea al oír un tren que pasa pitando por una vía, el claxon de un coche por la calle, etc. pero, ¿alguna vez te has preguntado cómo se demostró por primera vez, a principios del s. XIX, cuando todos los instrumentos que hoy tenemos para medirlo no existían?

Una pista: hay trenes y trompetistas 😉

Empecemos por el principio. El sonido viaja a una determinada velocidad por el aire. Esta velocidad depende de múltiples factores (temperatura, humedad, presión, etc.), pero dentro de eso es fija, no podemos acelerar o frenar el sonido.

 Si un objeto se acerca a nosotros a mucha velocidad, las ondas sonoras se juntarán más por delante de él y se separarán por la parte trasera, tal y como se puede ver en la figura.

El pitch, o la nota a la que suena un sonido, depende de la frecuencia de estas ondas sonoras. Cuanto más juntas estén, más aguda será la nota que oiremos. Dado que las ondas se juntan por delante del objeto en movimiento, éstas sonarán más agudas que por su parte de atrás, donde están más separadas y producirán por tanto una nota más grave. Según el objeto pasa por delante de nosotros, oiremos todo el rango de notas, desde las más agudas a las más graves.

Christian Doppler (1803-1853)

Pero ahora vámonos a 1842, cuando no eran muchos los objetos capaces de moverse a una velocidad lo suficientemente grande como para que una persona pudiese apreciar el efecto del cambio de la frecuencia. En esta época, el matemático austriaco Christian Doppler postuló que este cambio de frecuencia podía ser algo más que una mera curiosidad, y que se podía utilizar para medir el movimiento de cualquier objeto.

Unos años después, en 1845, Christophe Ballot, un meteorólogo holandés, realizó una demostración pública para demostrarlo. Para ello utilizó una línea de ferrocarril que pasaba por delante de su casa, y consiguió que el tren llevase un vagón abierto en el que colocó a unos cuantos trompetistas. Al mismo tiempo, también dispuso otros trompetistas en el andén de la estación. Tras afinar correctamente los instrumentos, todos los músicos tocaron exactamente la misma nota mientras el tren circulaba por la estación a la vertiginosa velocidad de unos 65km/h.

Aunque todos los músicos estaban tocando la misma nota, a medida que el tren se acercaba, el sonido de las trompetas que iban sobre él parecía tener una nota más aguda, que se volvió más grave cuando el tren pasó de largo. Todos los asistentes a la demostración pudieron observar el efecto y así se reconoció finalmente una de las herramientas más útiles de la física.

Unos años más tarde, el físico francés Armand Hippolyte Louis Fizeau, generalizó el trabajo de Doppler aplicando su teoría no sólo al sonido sino también a la luz.

Hoy en día son multitud las aplicaciones del efecto Doppler. Se utiliza para realizar predicciones meteorológicas, en los sistemas de radar y sonar, para medir el movimiento de las estrellas (es parte esencial de la teoría del Big Bang), para el diagnóstico de enfermedades cardiovasculares, y cómo no, para medir la velocidad de los coches en las carreteras.

Vía io9.com

Imágenes: Wikimedia Commons

Los inicios de la fonografía

Seguramente casi todos estamos de acuerdo en que no hay nada como escuchar la música en directo. Sin embargo esto no es siempre posible y por ello una buena grabación es de gran importancia para poder escuchar nuestras canciones favoritas en cualquier momento y lugar. Vamos a remontarnos 150 años, a la época en la que se realizaron las primeras grabaciones musicales.

Fonoautógrafo

El primer dispositivo del que se tiene constancia que fuese capaz de grabar sonidos es el fonoautógrafo, inventado por el francés Édouard-Leon Scott y patentado en 1857. Este dispositivo recogía las ondas sonoras a través de un cuerno y las conducía hasta una membrana a la que estaba atada una pequeña pluma. Ésta “dibujaba” el sonido en algún tipo de material como cristal ahumado o sencillamente papel. Su único problema era que después de grabar el sonido no era capaz de reproducirlo, y por ello no pasó de considerarse una curiosidad de laboratorio, eso sí, útil para el estudio de la acústica.

Caprichos del destino, Édouard-Leon Scott nunca llegó a sacar provecho económico de su invento, y pasó el resto de su vida como librero en París.

Como curiosidad, en 2008 un grupo de científicos tomaron los fonoautogramas que se conservaban en la oficina de Patentes de la Academia Francesa, los escanearon con un sistema desarrollado por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y posteriormente consiguieron traducir las imágenes a sonidos audibles. Uno de ellos, grabado en 1860, consistía en un pequeño fragmento de la melodía “Au clair de la lune” y es la primera grabación conocida que se ha podido reproducir:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=vgNguRPKhfg]

 

Fonógrafo de Edison

Sigamos avanzando. Resulta curioso que para poder disponer de un equipo capaz no solo de grabar sino también de reproducir el sonido hubiese que esperar 20 años, hasta 1877, cuando Tomas Alva Edison presentó el fonógrafo reproduciendo la ya famosa canción de “Mary had a little lamb”. El fonógrafo convertía las ondas sonoras en vibraciones capaces de mover una aguja que van haciendo surcos en un cilindro inicialmente de cartón cubierto de estaño. Para reproducir el sonido no había más que realizar el proceso inverso.

¿Cómo se le daba vueltas al cilindro? Al principio era sencillamente a pedales, aunque pronto se pasó a utilizar un sistema manual de cuerda, similar al de los relojes, accionado con una manivela, y con un sistema de contrapesos para controlar la velocidad. Los avances se van sucediendo, y se consigue construir un cilindro con una capacidad para grabar ¡4 minutos! de sonido. Además, las primeras grabaciones tenían que hacerse de forma individual, ya que no se podían hacer copias del cilindro original. Esto quiere decir que los artistas tenían que repetir las tomas tantas veces como copias quisiesen grabar o bien usar varios fonógrafos que grabasen a la vez.

El siguiente documental nos explica cómo funcionaba el fonógrafo de Edison:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=M7usgXdYGZs]

 

A partir de este momento se empezó a experimentar con distintos materiales materiales como la baquelita o el diamante para aumentar la calidad y la robustez de la grabación, y diez años después,  Emile Berliner, un ingeniero alemán, tuvo la feliz idea de cambiar el soporte cilíndrico por uno plano, con lo que se mejora la posición de la aguja y con ello la calidad del registro del sonido. Es el nacimiento del gramófono.

Al principio el gramófono no triunfó, ya que la calidad del sonido de los primeros discos, fabricados de goma endurecida, era peor que la del fonógrafo. Sin embargo este problema se solventó, gracias al uso de materiales como el actual vinilo, y terminó imponiéndose gracias a su menor coste de producción (la producción de grabaciones de fonógrafo en masa era un proceso mucho más complejo), y a que su mecanismo era más sencillo, barato y robusto que el del fonógrafo. No obstante el fonógrafo tenía una ventaja sobre el gramófono, y es que permitía que cualquiera pudiese grabar sus propios cilindros, algo que ni el gramófono ni los discos de vinilo que vinieron después ofrecieron.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=eoMLpYut-FA]

 

Gracias a todo esto hoy podemos escuchar pequeñas joyas que de otro modo se habrían perdido, como la voz del último castrato, grabada en 1902:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=wv-S3uoeTXg]

 

A partir de aquí llegaron los tocadiscos, la grabación en estéreo, los soportes magnéticos, etc. Pero todo eso lo dejamos para otra ocasión.

(Imágenes: Wikipedia)

Edgar M. Villchur, el padre de la suspensión acústica

Hace unos días falleció Edgar M. Villchur a los 94 años de edad. Posiblemente no sea un nombre demasiado conocido, pero para los amantes del audio es un personaje de gran importancia, pues fue un gran innovador responsable, entre otras cosas, de que hoy en día podamos tener altavoces relativamente pequeños capaces de reproducir sonidos graves.

Nos remontamos a principios de los años 50. En esa época el mercado de la alta fidelidad doméstica estaba en pleno auge, con amplificadores capaces ya de reproducir perfectamente todo el rango dinámico de los LP. Sin embargo, los fabricantes de altavoces se encontraban con el problema de que si querían fabricar un altavoz capaz de reproducir sonidos graves, éste debía ser muy grande, más propio de un cine que del salón de una casa.

El problema de reproducir sonidos muy graves es que el volumen de aire que tiene que mover el cono del altavoz es muy grande. Por esta razón, estos altavoces encargados de reproducir sonidos graves (woofers) suelen ser muy grandes y son capaces de moverse hacia delante y hacia atrás bastante distancia. El problema es que a la vez que el altavoz se tiene que mover una gran distancia para reproducir el sonido, tiene que haber algún tipo de mecanismo capaz de devolverlo a su posición inicial una vez que el sonido haya cesado, y también de limitar su movimiento. El encargado de esto solía ser un anillo elástico alrededor del cono, que debía ser lo suficientemente rígido como para “soportar” el cono y devolverlo sin problemas a su posición central. Esta rigidez, no obstante, hacía que el cono no se pudiese mover tan libremente como sería deseable, lo que provocaba distorsiones en los sonidos graves.

En 1954 Villchur afrontó este problema desde una nueva perspectiva. Decidió sustituir el anillo elástico por uno mucho menos rígido, que permitía al altavoz moverse con mucha más libertad, y por tanto, tener el margen de movimientos que requieren los sonidos más graves. Para compensar esta disminución de la rigidez del anillo, que no tendría la fuerza suficiente como para devolver al cono a su posición central, decidió utilizar el aire de dentro de la caja. Mediante una serie de experimentos, Villchur se dio cuenta de que si la caja estaba sellada y se elegía cuidadosamente su tamaño, el aire de su interior proporcionaba la rigidez exacta para poder devolver al cono a su posición. El volumen de la caja debía ser reducido, para que el aire del interior se comportase como una suspensión lo suficientemente rígida como para sostener al cono.

Esta técnica, que se bautizó con el nombre de suspensión acústica, permitía por una parte reproducir sonidos graves con mucha menos distorsión que hasta el momento, y además utilizar cajas de tamaños más reducidos, lo que suponía una gran ventaja para el mercado doméstico. La principal pega es que los altavoces así construidos tenían mucha menos eficiencia que los clásicos, lo que quiere decir que el amplificador necesario para producir el mismo nivel de sonido tiene que tener más potencia. Hoy en día este tipo de altavoces está prácticamente en desuso, pero sus principios científicos siguen siendo válidos y se siguen teniendo en cuenta a la hora de diseñar un altavoz.

En el siguiente video, el propio Villchur comenta su invención y cómo funciona:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=g9mqO6PYAJ4]

Este no fue la única aportación de Villchur al mundo del audio. Otro problema en el que trabajó era el de los ruidos que aparecían en los primeros tocadiscos debidos a que  la aguja captaba las vibraciones producidas por el motor. La solución de Villchur fue separar el motor del disco y conectarlos por medio de una cinta de goma, lo cual reducía de forma muy significativa las vibraciones.

Villchur fundó la empresa Acoustic Research, que fue líder absoluto en ventas de altavoces en Estados Unidos en los años sesenta, con una cuota de mercado de hasta el 60%. En 1967 dejó la empresa y creó la fundación para la investigación en audífonos, en la que trabajó el resto de su vida.

(Imagen: oldtownman)

 

Julio Verne en Santiago de Compostela

Esta es una de esas historias mezcla de realidad y ficción a las que no me puedo resistir, y si además mezcla a un escritor como Julio Verne con Santiago de Compostela, mi ciudad natal, menos aún.

Pues bien, resulta que los organizadores de L’Extraordinaire Uchronie, un encuentro “steampunk, retrofuturista y neovictoriano” que se celebró en Santiago de Compostela el pasado 7 de mayo, afirman que Julio Verne podría haber visitado esta ciudad en 1884. Y como la definición de ucronía no es otra que una reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos, pues a ello que se han lanzado.

Sabemos que Julio Verne visitó por primera vez Galicia en 1878, cuando durante un viaje en su barco Saint Michel se refugió en el puerto de Vigo de un temporal. Esto no deja de tener su gracia, ya que así pudo conocer in situ la ría de Vigo que había descrito diez años antes en su novela “20.000 leguas de viaje submarino”. De esta visita, que apenas duró un día, existen crónicas en los periódicos de la época, ya que se ofreció una recepción en la ciudad en honor del escritor francés, que ya entonces disfrutaba de gran fama. Seis años después, en 1884, Verne volvió a Vigo para realizar reparaciones en su barco en los talleres del inventor Sanjurjo Badía. Esta vez su estancia duró toda una semana, y es la que permite desarrollar la leyenda.

La primera suposición es que durante este segundo viaje, Julio Verne aprovechó para realizar una breve visita a Santiago de Compostela, donde conoció a Manuel López Navalón, quien era en aquella época el director del Colegio Regional de Sordomudos y Ciegos del distrito de Santiago de Compostela. Navalón era además inventor de numerosos aparatos de ayuda para los ciegos, entre los que se encuentra el astronógrafo, que permitía ofrecer información en Braille y explicar a los invidentes la duración de los días y estaciones. Este encuentro no resulta descabellado, ya que además de compartir un gran interés por el estudio de la ceguera, sí que existe una breve reseña del mismo muchos años después, en un periódico de 1940. Además es bien sabido que Verne era un viajero incansable, y estaba bien al tanto de la actualidad política y científica de Europa.

Navalón y Verne volvieron a coincidir en 1900 en la Exposición Universal de París. Fue aquí cuando parece ser que Verne entregó a Navalón una copia del manuscrito de su novela “El soberbio Orinoco”, cuya primera edición en español, y esto también está probado, se imprimió precisamente en Santiago de Compostela, en la imprenta El porvenir, actual imprenta Paredes, en lugar de en Barcelona como era habitual.

Este mismo año es cuando Verne podría haber escrito un relato, que regaló a su amigo Navalón, de cómo se imaginaba la ciudad de Santiago en el año 2011. En este relato apócrifo, que lleva por título “La extraordinaria ciudad de las estrellas” (no debemos olvidar que el nombre de Compostela se atribuye muchas veces al término campus stellae, campo de estrellas), se describe una ciudad rodeada de una “vasta extensión de terreno verde dedicado al cultivo agrícola o silvícola” y en la que “la comunicación con el centro espiritual se hacía mediante un sistema radial de canales de porte acristalados”.

El relato completo, perdido, cómo no, hasta ahora en los archivos de la imprenta Paredes, se puede leer en esta página.

Da igual si las cosas sucedieron así, basta con que podrían haberlo hecho, y eso es más que suficiente para justificar el juego.

(Vía Microsiervos)

El padre español de los viajes en el tiempo

Cuando pensamos en viajes en el tiempo, a casi todos se nos viene a la cabeza el nombre de H.G. Wells, y en particular su novela “The Time Machine” editada en 1895. En ella, Wells relata las aventuras de un científico y su invento: una máquina capaz de viajar en el tiempo. La novela se detiene más bien poco en hablar de la máquina en sí y las posibles paradojas temporales, teniendo más una finalidad moralizadora.

Lo que no tantos saben es que el primer escritor en imaginar una máquina capaz de viajar en el tiempo no fue Wells, sino un español: Enrique Gaspar y Rimbau.

Gaspar, madrileño nacido en 1842, no tiene una gran obra dedicada al género de la ciencia-ficción (era más bien un escritor de teatro), pero en 1887 editó una novela, “El Anacronópete”, en la que describe una especie de nave capaz de viajar en el tiempo. En la novela, con formato de zarzuela y estructurada en tres actos, se habla de un científico español, Sindulfo García, que presenta en la exposición universal de París de 1878 una máquina, el anacronópete, capaz de viajar en el tiempo. El nombre del artilugio viene del griego “Aná”, que significa atrás, “Crono”, el tiempo y “Petes”, el que vuela. A lo largo de la historia, en la que no faltan aventuras, visitamos entre otros la batalla de Tetuán en 1860, la rendición de Granada en 1492, la China imperial del 220, o Pompeya en el 79, llegando incluso a los tiempos de Noé y al día de la creación.

Esta novela no es la primera en la que se habla de viajes en el tiempo, pero hasta entonces siempre se había hecho de forma vaga, sin entrar en los detalles de cómo se conseguía, achacándolo muchas veces a magia o sencillamente sueños. Gaspar es el primer autor en el mundo que utiliza, con mayor o menor éxito, la tecnología para explicar este tipo de viajes.

Resulta cuanto menos curioso que, mientras que la novela de H.G. Wells ha gozado de gran reconocimiento a nivel mundial, ésta cayó rápidamente en el olvido. De hecho sólo ha habido dos ediciones del libro: la primera de 1887 y otra de 2000 de Círculo de Lectores en la que se basó la de 2005 de Minotauro. No ha sido hasta este mismo año que se ha traducido al inglés. Gracias a Google Books se puede encontrar la primera edición que guardan en la Universidad de California en formato electrónico en la red.

El inventor de la máquina del tiempo, por tanto, es español y se llama Enrique Gaspar.

(Las imágenes están extraídas de las ilustraciones de la primera edición del libro)

El primer hombre en el espacio

El 12 de abril de 1961, hoy hace justo 50 años, Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en viajar al espacio, a bordo de la nave Vostok 1. Durante poco más de hora y media realizó una órbita completa alrededor de la tierra, para terminar aterrizando en paracaídas, ya convertido en todo un símbolo nacional, en Siberia.

 

La banda sonora corre a cargo del Esbjörn Svensson Trio, y su homenaje en forma de disco: “From Gagarin’s point of view”.

La calculadora que salvó la vida de su inventor

Hace poco leí el libro “Pattern Recognition” de William Gibson, que en español se tradujo de forma inexplicable como “Mundo espejo”. El libro narra la historia de Cayce Pollard, una consultora con una sensibilidad especial para las imágenes corporativas. Cayce es contratada para investigar unos vídeos que alguien sube de forma anónima a la red en torno a los cuales se ha generado toda un fenómeno de culto. La novela habla de la necesidad que tenemos las personas de encontrar patrones de significado, y el riesgo que tiene el encontrar patrones en datos sin ningún sentido. La verdad es que es uno de los libros que más me ha gustado en los últimos años, por lo que recomiendo su lectura a todo el mundo.

A lo que vamos. En un momento dado, uno de los personajes del libro menciona la calculadora Curta, y se habla del mercado de coleccionistas que hay alrededor. Hasta ese momento nunca había oído esa palabra, así que inmediatamente busqué en la red si esa calculadora existe de verdad y en qué consiste, ya que me encantan este tipo de aparatos “retro-tecnológicos”.

Pues bien, sí que existe, y fue creada por Curt Herzstark, un austriaco que trabajaba como técnico en la empresa de su padre. En 1938, a la edad de 36 años, patentó la idea de una calculadora mecánica capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir, pero Hitler se interpuso en su camino. La invasión alemana de Austria hizo que le fuese imposible empezar a producirla ya que su fábrica fue confiscada y dedicada la fabricación de instrumentos para el ejército.

En 1943, Curt fue detenido y trasladado a una prisión en Praga acusado de ayudar a los judíos. Poco después fue trasladado al campo de concentración de Buchenwald, lo que él mismo califica como “tener suerte”, dadas las condiciones de vida en la prisión anterior. De hecho, durante todo este periodo de tiempo su salud sufre un importante deterioro. La suerte cambió cuando se enteró de que el comandante del campo conocía el trabajo que había venido realizando con calculadoras, y le permitió seguir trabajando en su idea en un campo cercano más grande y con mejores condiciones de vida. El trato era que cuando tuviera la calculadora fabricada se la regalaría a Hitler para celebrar que habían ganado la guerra. Obviamente esto nunca se produjo, pero este hecho posiblemente salvó la vida de Curt Herzstark.

En 1945, tras haber sido liberado por los americanos, produjo los primeros prototipos de la calculadora, pero no fue hasta 1948 cuando se empezó a producir de forma industrial. Esta historia también es curiosa, ya que inicialmente la calculadora se iba a producir en Austria, pero el príncipe de Liechtenstein le ofreció construir su fábrica en su país, y así fue como se fundó la empresa Contina AG.

Se fabricaron dos modelos distintos de la calculadora Curta: el modelo I con 8x6x11 posiciones (8 dígitos de entrada, 6 para el contador de revolución y 11 para la salida), y el modelo II en 1954 con 11x8x15 posiciones. Hasta 1972, año en que se dejaron de fabricar, se produjeron unas 80.000 curtas modelo I y 60.000 modelo II.

Con un curioso parecido a un molinillo de pimienta, esta calculadora es considerada como una maravilla de la mecánica. No solo es capaz de realizar las cuatro operaciones aritméticas básicas, sino que es compacta (cabe en una sola mano) y puede proporcionar hasta 15 dígitos de precisión. Además es sencillo deshacer un error y no se puede borrar todo por error, ya que un anillo de protección lo impide.

Una curiosidad: el método utilizado para conseguir restar dos números, es el del complemento a 9. ¿Cómo funciona esto? Imaginemos que queremos restar 324.546 y 2.017. Lo que tenemos que hacer es calcular el complemento a 9 de 002.017, que no es más que restar 9 a cada uno de sus dígitos: 997.982. Ahora, hay que sumar los dos números: 324.546 + 997.982, y el resultado es 1.322.528. Para obtener el resultado final basta con eliminar el dígito de mayor orden (1) y sumar uno al resultado: 322.529. Y todo esto sin que el usuario tenga que saber qué es un complemento a 9 ni se dé cuenta de nada. El truco está en utilizar un juego doble de dientes en el tambor de la calculadora, uno para las sumas y otro para las restas. Las multiplicaciones y divisiones se hacen sencillamente repitiendo sumas y restas tantas veces como sea necesario, pero con un mecanismo de pasos que hace que las multiplicaciones de números grandes no lleven más de 10 ó 12 giros.

La verdad es que me encantaría tener un cacharro de estos, pero viendo que en ebay se cotizan a unos 900 euros me temo que me tendré que quedar con las ganas…

Más información: The CURTA Calculator Page