Visualizando un nanosegundo

Un nanosegundo mide unos 30 centímetros.

Esta es una de esas joyitas que de vez en cuando encuentras casualmente por la red. Se trata de un video en el que Grace Hopper (una militar estadounidense) nos explica de forma muy gráfica cómo visualizar un nanosegundo. Yo personalmente nunca había oído hablar de ella, pero al visitar su biografía en Wikipedia, no pude menos que sorprenderme: doctora en matemáticas en 1934 por Yale, se alistó al ejército en plena segunda guerra mundial y colaboró en el desarrollo del primer ordenador electromecánico (el Mark I), desarrolló el primer compilador de la historia (el A-0) y es la madre del lenguaje de programación COBOL. Vamos, casi nada.

El video está en inglés pero se entiende bastante bien. Si no, se pueden activar los subtítulos automáticos, que aunque tienen errores permiten hacerse una idea.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=JEpsKnWZrJ8]

(Vía reddit)

¿Podemos predecir el futuro?

Más de uno podrá pensar, a la vista del título de la entrada, que me he vuelto loco. Pues no, al menos no tanto. Y tampoco es que haya tenido ninguna revelación que me haya hecho empezar a creer en la posibilidad de adivinar el futuro. La entrada viene al caso de este artículo, que se publicará en breve en la revista Journal of Personality and Social Psychology, en el que supuestamente, y según su autor, se demuestra cómo eventos futuros pueden influir en nuestras respuestas presentes.

Lo interesante de los experimentos realizados, es que fueron diseñados siguiendo procedimientos estándar utilizados en psicología. La única diferencia es que se realizaron invirtiendo el orden cronológico normal de los acontecimientos.

Por ejemplo, un experimento clásico consiste en mostrar a un sujeto una imagen y pedirle que la categorice como agradable o desagradable. En muchos experimentos se ha demostrado que si justo antes de mostrar la imagen se muestra al sujeto de forma muy rápida la palabra «agradable» o «desagradable», sin dar tiempo a que la vea de forma consciente, el tiempo de reacción del sujeto (el tiempo que tarda en tomar la decisión) cambia. Así, si ponemos la palabra «agradable» y la imagen efectivamente lo es, el tiempo de reacción será más corto de lo normal, mientras que si ponemos la palabra «agradable» antes de una imagen desagradable dicho tiempo será más largo del habitual.

El experimento realizado en este estudio da la vuelta a esto, y lo que hace es mostrar la imagen, esperar a que el sujeto tome una decisión y luego mostrarle de forma aleatoria la palabra «agradable» o «desagradable». Al parecer, según los resultados mostrados en el artículo, el tiempo de reacción del sujeto fue menor cuando el texto mostrado era consistente con el contenido de la imagen, a pesar de que dicho texto se le mostraba después de haber tomado la decisión.

En otro de los experimentos realizados, se les decía a los participantes que iba a aparecer una imagen erótica en la pantalla, en una de dos posibles posiciones. El participante debía adivinar en qué posición iba a aparecer dicha imagen. El resultado final es que los participantes acertaban un 53,1% de las veces, un valor muy poco por encima del 50% pero que aún así es estadísticamente significativo como para no poder considerarse casualidad.

Lo más sorprendente es que el artículo ha conseguido pasar a través de todo el proceso de revisión por pares, el cual ha sido incapaz de encontrar fallos de base o de método aunque tampoco nos engañemos, eso no garantiza que esté libre de errores. La revista publicará previsiblemente antes de año el artículo junto con un editorial escéptico en el que se anime a los lectores a intentar replicar los resultados. Por lo visto ya ha habido algún intento de hacerlo, aunque por el momento sin éxito.

Cuando leí esta noticia, me recordó, de algún modo, al experimento de la doble rendija de la física cuántica, en el que se observa que los electrones actúan de forma distinta cuando son observados. El siguiente video lo explica de forma muy sencilla:

Hace unos años se modificó este experimento, y se observó que el comportamiento era el mismo incluso si la observación se producía a posteriori. Es decir, es como si las partículas actuasen sabiendo que luego iban a ser observadas.

Personalmente me resulta muy complicado creer en temas como la precognición o la premonición, y si bien es cierto que es necesario ser escéptico a la hora de aceptar los resultados sin antes probarlos, no menos importante es evitar cualquier tipo de prejuicio que nos incite a rechazarlos de forma injustificada. Quizás una cosa es que percibamos el tiempo de forma lineal y otra que lo sea, no lo sé.

El método científico exige que se garantice la reproducidibilidad y la falsabilidad de un experimento. Es necesario por tanto esperar a que alguien consiga o bien reproducir los resultados de este estudio, o refutarlo definitivamente. En el caso de que se consiga confirmar, entonces toca intentar explicarlo.

Como mínimo, el artículo ha levantado una buena polvareda, y tiene garantizado recibir un buen número de citas, ya sean buenas o malas. Eso, el tiempo lo dirá.

(Fuente: New Scientist)

Ilusion óptica: movimiento imposible

Aquí dejo el ganador de este año a la mejor ilusión óptica. Se trata de una ilusión distinta a las que estamos acostumbrados, ya que se consigue por medio de un modelo físico 3D, y movimiento real, en lugar de una imagen 2D.

En la página del concurso se pueden ver el resto de ilusiones ópticas finalistas.

Efecto óptico – The break of the curveball

En béisbol, cuando el lanzador lanza la bola, ésta viaja a unos 120 km/h, girando en un ángulo oblicuo a unas 1500 rpm. Esto implica que la bola tarda unos 0.6 segundos en llegar desde el lanzador hasta el bateador, tiempo durante el que la bola realiza un total de unos 13 giros completos.

El giro de la bola genera un efecto físico y otro perceptual. El primero sucede porque la rotación de la bola crea una deflexión en la trayectoria de la bola. El efecto perceptual surge porque la deflexión de la bola debería ser gradual, pero desde el punto de vista del bateador parece ocurrir un cambio brusco en la posición de la bola.

La siguiente ilusión óptica pretende simular este efecto, que parece estar relacionado con las diferencias psicológicas entre la visión central y la periférica:

  1. Cuando se mira el círculo gris de frente, éste parece moverse verticalmente.
  2. Cuando se mira a la derecha de la pantalla, de modo que el círculo gris quede en la periferia de nuestra visión, el círculo parece moverse de forma oblicua.
  3. Si se mira primero a la derecha de la pantalla y luego se mira directamente al círculo, éste parece cambiar de golpe de un movimiento oblicuo a uno vertical.

El cambio brusco en la dirección del paso 3 es el equivalente al que ocurre en el beisbol. Desde el punto de vista del bateador, cuando la bola está en la mano del lanzador, su ángulo visual es de sólo 0.23º, mientras que cuando está a un metro, su ángulo visual es de 6.89º. Esto hace que, aunque el bateador fije su mirada en el centro de la bola, según avanza cada vez es mayor la porción de la bola que cae fuera de su campo de visión central, lo que produce el efecto. Además, cualquier pequeño movimiento del bateador incrementa el efecto.

(Vía: Best illusion of the year)

La ciencia en españa no necesita tijeras

Me levanto por la mañana. Medio dormido, caliento el café en el MICROONDAS mientras escucho las noticias en la RADIO. Me ducho, con mi GEL y CHAMPÚ preferidos, y me pongo ropa, no sé de qué TEJIDO estará hecha. Después, camino del trabajo voy escuchando mi música favorita en mi REPRODUCTOR MP3. Al llegar, consulto el CORREO ELECTRÓNICO, y leo algún periódico por INTERNET. La mañana es una locura, no deja de sonar el TELÉFONO y el MÓVIL. Acabo con un tremendo dolor de cabeza, así que me tomo un ANALGÉSICO para ver si me pasa. Al llegar a casa me pongo a ver un poco la TELEVISIÓN y leo en el TWITTER que @irreductible dice que tengo que dar alguna razón para no recortar el presupuesto de la ciencia en España. ¿Más?

La ciencia nos rodea, sin ella sería imposible entender la vida tal y como la entendemos. Y todo eso es gracias a los científicos, a los investigadores, a los becarios, y a toda la gente que dedica su vida a aprender, investigar, innovar, desarrollar nuevas técnicas y productos. ¿De verdad queremos reducir su presupuesto?