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El Bolero de Ravel: ¿producto de una mente enferma?

El Bolero de Ravel es quizás una de las piezas de música más escuchadas de todos los tiempos. La obra consiste en una melodía que se repite una y otra vez in crescendo, y en la que van apareciendo y combinándose los distintos instrumentos de la orquesta: flauta, clarinete, fagot, etc.

Al parecer, según algunos estudios, Ravel escribió esta obra mientras sufría una enfermedad que le había dañado la parte izquierda de su cerebro, y que terminó privándole de toda capacidad escribir música y hablar.

De forma muy simplificada, podemos afirmar que la percepción del timbre (todo aquello que nos permite distinguir el sonido de un instrumento musical del de otro) se localiza principalmente en el hemisferio derecho del cerebro, mientras que la percepción del pitch (lo que nos permite reconocer las notas musicales tocadas por un instrumento), se localiza en el hemisferio izquierdo.

A pesar de tratarse de pieza musical compleja, tanto desde el punto de vista rítmico como armónico, sí que se puede ver como una primera muestra del desequilibro existente entre las dos partes de su cerebro debido a su enfermedad. Así, en esta obra el hemisferio derecho se sobrepone al debilitado hemisferio izquierdo en la forma de una enorme riqueza tímbrica, muy distinta a la que se puede encontrar en sus obras anteriores.

Música bajo mínimos

Cada vez más grabaciones se realizan en estudios caseros que no disponen de equipos de calidad, de salas preparadas acústicamente para la grabación, o de buenos micrófonos. Todo esto hace que la calidad técnica de las grabaciones sea menor, siendo necesario recurrir a muchas horas de edición para intentar disimularlo, además de ver muy reducido el margen de maniobra a la hora de realizar la mezcla.

Yo no pretendo entrar aquí en si la culpa de todo esto la tiene la industria, la piratería (si no se vende no se gasta, eso es así de claro), el público (que cada vez es menos exigente en cuanto a la calidad, sobre todo si la música se va a escuchar en un mp3 mientras vas en el autobús) o lo que sea. Personalmente creo que es que es una lástima que cada vez haya más técnicos de sonido que tengan problemas para vivir de su trabajo, y que cada vez estemos más cerca de volver al amateurismo. Tendemos a olvidar hasta qué punto el trabajo que desarrollan estos profesionales es importante, y cómo un músico mediocre se puede convertir en un buen músico si se pone en manos de un buen ingeniero de sonido.

(Noticia completa: Público.es)

Una ilusión auditiva

El otro día publiqué en mi blog personal una entrada sobre una ilusión óptica que me llamó especialmente la atención. Pues bien, al igual que existen las ilusiones ópticas, también existen las ilusiones auditivas, aunque suelen ser menos conocidas.

Un ejemplo de este tipo de ilusiones es la conocida como la ilusión de las octavas, descubierta por Diana Deutsch en 1973 y que a mí me dejó con la boca abierta la primera vez que la escuché.

A continuación tenemos un archivo de sonido en el que se pueden oír dos notas tocadas por un piano de forma alternada: una grave y otra más aguda. Escucha el sonido utilizando unos cascos, ya que de otra manera no se puede percibir el efecto:

[audio http://enriquealexandre.es/wp-content/uploads/2009/12/Octave_Illusion.mp3]

¿En que oído escuchas cada nota?

Muy bien, ahora dale la vuelta a los cascos (sí, pon el que tenías en la oreja izquierda a la derecha y viceversa), y vuelve a escucharlo.

¿Y ahora? ¿En que oído escuchas cada nota?

Curiosamente, al cambiar la posición de los cascos la mayor parte de la gente no nota diferencia alguna, y sigue escuchando los sonidos exactamente igual que antes, sin que cambie el oído en el que escucha cada uno de ellos. De hecho, al parecer los diestros tienden a escuchar la nota más aguda a la derecha, y los zurdos al revés.

Sin embargo, en realidad, el archivo que estamos escuchando contiene las dos notas en los dos oídos, aunque alternadas, es decir, cuando suena la nota grave en el canal izquierdo, suena la aguda en el derecho, y viceversa, tal y como se puede ver en la figura:

EfectoOctava(Si no te lo crees puedes comprobarlo escuchando el sonido de uno sólo de los canales, apartando el otro auricular de la oreja. Escucharás perfectamente las dos notas, sonando de forma alternada.)

La justificación de este fenómeno ha generado mucha controversia entre los investigadores, que a lo largo del tiempo han ido proponiendo distintas teorías para justificarlo. La explicación más extendida, y quizás la más fácil de entender, se basa en suponer que el cerebro utiliza mecanismos independientes para detectar qué nota estamos escuchando y de dónde viene (algo que se conoce como modelo de doble canal). A la hora de determinar qué nota estamos escuchando, el cerebro se fija sólo en el sonido existente en uno de los dos oídos, que llamaremos dominante, mientras que el otro es ignorado. En cambio, para determinar de dónde viene el sonido no existe tal dominio, sino que se tiene en cuenta el oído al que le llegue la señal con un tono más alto.

Para entenderlo mejor imaginemos que nuestro oído dominante es el derecho. Cuando tenemos la nota aguda en el canal derecho y la grave en el izquierdo, oiremos una nota aguda, ya que es la que tenemos en nuestro oído dominante, y además la localizaremos en el oído derecho, ya es ahí donde está la nota más aguda. Por el contrario, cuando suene la nota grave en el oído derecho y la aguda en el izquierdo, oiremos una nota grave, ya que es lo que está sonando en nuestro oído dominante (el derecho), pero la localizaremos en el oído izquierdo, ya que es en éste en el que está sonando la nota aguda.

Un espectador denuncia a un músico de jazz por no tocar jazz

Increíble pero cierto. El suceso tuvo lugar durante el V Festival de Jazz de Sigüenza. Durante el concierto que ofrecía el músico Larry Ochs, la Guardia Civil irrumpió en el escenario ya que un espectador denunciaba que la música que estaba interpretando no era Jazz, sino música contemporánea, género que el denunciante alegaba tener «contraindicado psicológicamente» por prescripción médica.

Por si todo esto fuera poco, al parecer uno de los agentes decidió ejercer de «perito musical», constatando que efectivamente la música no era jazz. Al final tuvo que intervenir hasta el Alcalde, que no pudo evitar que el músico viviese una de las noches más extrañas de su vida. «Yo creía haberlo visto todo, pero es obvio que estaba equivocado», dijo éste al final.

Para que cada cual juzgue por sí mismo, dejo aquí un video de una actuación de Larry Ochs:

(Fuente: El País)

El mar dentro de una caracola

CaracolaSeguro que todos lo hemos hecho alguna vez en la vida: acercas una caracola a la oreja y eres capaz de escuchar el sonido del mar. ¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué sucede?

Una explicación muy extendida es que la caracola amplifica el ruido que produce la sangre al circular por los capilares del oído, y es ese el ruido que en realidad estamos escuchando. No obstante esta teoría se puede refutar haciendo dos experimentos muy simples:

  • Si fuese cierta, cuanto más silencioso esté nuestro entorno, más claro oiríamos el ruido. Pues bien, en realidad podemos comprobar que sucede justo al contrario. Si hiciésemos la prueba en una sala completamente aislada acústicamente, no oiríamos nada.
  • Además, en teoría el sonido debería subir de intensidad tras hacer ejercicio, ya que entonces el flujo de la sangre es mucho más rápido. Esto tampoco sucede.

La verdadera explicación la tenemos que buscar a nuestro alrededor. Aunque no seamos conscientes de ello, siempre estamos rodeados de ruido, unas veces más intenso y otras muchas imperceptible ya que nuestro cerebro se encarga de ignorarlo. Al poner la caracola cerca de nuestra oreja, ésta actúa como un resonador, amplificando o atenuando las distintas frecuencias de este ruido dependiendo de su tamaño y forma. Dicho de otro modo, lo que está ocurriendo es que el ruido de fondo que hay a nuestro alrededor se «cuela» dentro de la caracola, y dentro de ella rebota una y otra vez contra las paredes, de forma que algunas frecuencias salen muy reforzadas mientras que otras salen debilitadas.

Resonador Helmholtz

Este tipo de efecto lo podemos relacionar con el producido por los denominados resonadores de Helmholtz, que consisten en un recipiente terminado en una pequeña abertura para que entre el aire. Un ejemplo muy típico es un botella, que al soplar sobre su borde, emite una nota que depende del tamaño y forma del recipiente. De una manera muy simplista podemos decir que la frecuencia de resonancia depende, entre otras cosas, del volumen del recipiente. Es por esto que caracolas más grandes tenderán a amplificar sonidos más graves, mientras que caracolas más pequeñas harán lo contrario, amplificarán más los sonidos más agudos.

Podemos conseguir un efecto muy parecido al de la caracola si simplemente acercamos la mano (o una taza) al oído. Si variamos la forma en que colocamos la palma de la mano así como la distancia a la oreja, podremos apreciar cómo varía el sonido, tanto en frecuencia como en amplitud.

Un cuarto de milla…. de vinilo

¿Cuál es la longitud del surco de un disco de vinilo? El proceso de reproducción de un disco de vinilo consiste en convertir los movimientos mecánicos de la aguja que recorre el surco del disco en una señal eléctrica. El surco por el que circula la aguja tiene una longitud de aproximadamente un cuarto de milla (0.4 km) por cada cara, algo que se puede ver en el siguiente video. En él, cada pulgada (2.54cm) que recorre la aguja se oye como un click, cada pie (12 pulgadas, 30.5 cm) como un beat, y cada 10 pies (3 metros) como un blip. Resulta curioso observar cómo cuanto más se acerca la aguja al centro lo sonidos se oyen a un ritmo cada vez menor. Esto sucede porque el disco siempre gira a la misma velocidad angular (las famosas 33 rpm de los LPs), y así, cuanto más cerca estemos del centro del disco, menor será la longitud de cada vuelta, y más tiempo (más vueltas) tardaremos en recorrer la misma distancia. Para hacernos una idea, la distancia recorrida por la aguja en una sola vuelta cuando está en el exterior del disco (1 metro más o menos) equivale aproximadamente a tres vueltas completas cuando se encuentra en la parte interior.

Si hiciésemos la misma prueba con un CD de audio nos encontraríamos con que los clicks se oirían siempre al mismo ritmo. Esto es porque, al contrario que los vinilos, los CDs mantienen una velocidad lineal constante (de alrededor de 1.2m/s), lo que implica que el disco debe girar a una velocidad angular variable dependiendo de si se está leyendo la parte interior o exterior del disco. Así, la velocidad de giro del disco varía desde unas 495 rpm cuando se está leyendo la parte de dentro hasta sólo 212 rpm cuando se está en la periferia del disco. La información se almacena, al igual que ocurría con los vinilos, en una pista que recorre el disco en forma de espiral, con una longitud total de algo más de 5km, pero en este caso empezando desde el centro, en lugar de desde el exterior como en el caso del vinilo. Esta información se almacena en pequeñas irregularidades en la superficie del disco, de forma que, al incidir sobre ellas el láser, hacen que la luz se refleje de forma ligeramente distinta.

Micrófono de humo

En la actualidad, casi todos los micrófonos basan su funcionamiento en la existencia de una lámina o diafragma, cuyo movimiento debido a las vibraciones producidas por las ondas sonoras, es aprovechado para convertir dicho sonido en una señal eléctrica. La presencia del diafragma es precisamente una de las limitaciones de los micrófonos, ya que su masa e inercia provocan distorsiones, agradables o no, en el sonido.

Hace un par de meses se presentó un nuevo concepto para micrófonos: el micrófono de láser-humo. Este invento utiliza una columna de humo cuyos movimientos, causados por el sonido, son captados por un haz de rayo láser. En teoría, al tener una masa prácticamente nula, las partículas de humo deberían reaccionar al sonido mucho mejor de lo que lo haría un diafragma. Al menos en teoría.

En el siguiente video se puede ver a su inventor, David Schwartz (quien también es uno de los padres del mp3), explicando cómo funciona el artilugio. La calidad de sonido que obtiene es paupérrima, pero se trata sólo de un prototipo para comprobar la viabilidad de la idea.