Hoy toca una de mitos. Existe uno bastante difundido que dice que los graznidos de los patos no producen eco. La verdad es que no tengo ni idea de dónde ha salido este mito, pero es muy fácil encontrárselo en los típicos correos con listas de cosas curiosas (y muchas veces falsas).

Un eco, para entendernos, se produce cuando nos llega una copia del sonido original retardada y con un nivel de energía lo suficientemente alto. De forma aproximada se puede considerar que una señal se percibe como un eco si nos llega con un retardo superior a 50ms (en caso contrario nuestro sistema auditivo lo integraría con el sonido original) y con un nivel no más de 10dB inferior al de la señal original (ya que si no quedaría enmascarado por el sonido original).

Si echamos cuentas, en 50ms el sonido recorre una distancia de aproximadamente 17 metros. Por lo tanto siempre que tengamos una sala con una longitud de más de 8 metros y medio tendremos el riesgo de que se produzca un eco. El problema se soluciona utilizando materiales absorbentes que reduzcan la amplitud del sonido reflejado, o difusores que contribuyan a dispersar el sonido. De todo esto se puede extraer la siguiente conclusión: la aparición o no de un eco depende de la distancia hasta el objeto que refleja el sonido, pero en ningún caso del tipo de sonido.

Por si con esto no fuese suficiente para desmentir el mito, hace unos años unos investigadores de la Universidad de Salford decidieron tomar un pato (de nombre Daisy para más señas) y grabar su sonido en diversas condiciones acústicas. El resultado, como era de esperar, demuestra que el graznido del pato no es inmune a las leyes de la física y por tanto produce eco como cualquier otro sonido. Trevor Cox, el director del estudio, concluye diciendo que, aunque es cierto que el sonido del pato produce eco, éste no es fácil de escuchar, ya que el sonido no tiene las características óptimas para que el eco resulte claramente perceptible. Para escuchar fácilmente un eco es preferible contar con sonidos fuertes y cortos, todo lo contrario del graznido del pato.

El efecto Lombard

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Vayamos al año 1909. En esa época muchos médicos utilizaban un aparato recién patentado por Robert Bárány (1876-1936) que introducía un ruido de nivel alto en uno de los oídos del paciente para poder examinar el otro simulando condiciones monoaurales. Uno de los usuarios de este dispositivo era el otorrinolaringólogo Etienne Lombard (1869-1920), quien se dio cuenta de un curioso efecto, que además no parecía producirse de modo consciente: cuando el ruido comenzaba, el paciente tendía a elevar el nivel de su voz, el cual volvía a la normalidad justo al cesar el ruido. Este efecto, que hoy conocemos como efecto Lombard, ha tenido una gran importancia en varias áreas de investigación distintas:

  1. Permitió diseñar test para determinar las pérdidas auditivas de un paciente, y en concreto si éstas están siendo simuladas.
  2. Produjo importantes avances en el estudio de la comunicación vocal en presencia de ruido.
  3. Influyó en el estudio de las relaciones dinámicas existentes entre la audición y la producción de voz.
  4. Motivó el modelado de la producción de voz como un servomecanismo.

En este post me voy a centrar en el primer punto, y dejaré los restantes para futuras entradas.

En sus experimentos, Lombard observó que si se tomaba un sujeto con una audición normal y se le introducía ruido en uno de los dos oídos, el paciente tendía a subir ligeramente la voz, mientras que si el ruido se introducía en los dos oídos a la vez subía mucho más la voz, llegando incluso a gritar. Si el paciente tenía pérdidas unilaterales (en uno de los dos oídos), y el ruido se le presentaba en el oído enfermo, el paciente apenas subía la voz, mientras que si el ruido estaba en el oído sano, el paciente comenzaba a gritar, igual que hacía el paciente sano frente a ruido binaural.

Efecto Lombard

A partir de estas observaciones se puede establecer el siguiente test:

  • Se introduce ruido en uno de los oídos del paciente y se le pide que hable o lea algo.
  • Si no se observa el efecto Lombard (es decir, el paciente habla en un tono normal), entonces el paciente no tiene pérdidas en el otro oído.
  • Si el paciente habla gritando, esto es, se observa el efecto Lombard, entonces podemos concluir que tiene pérdidas auditivas totales o severas en el otro oído.

Este test nos permite saber, por tanto, cuándo una persona está fingiendo, por la razón que sea, tener pérdidas auditivas en uno de sus oídos. Si las supuestas pérdidas son bilaterales basta con presentarle ruido en los dos oídos, y el procedimiento es igual de sencillo.

A lo largo de los años se han realizado muchos experimentos para verificar la robustez de los tests basados en el efecto Lombard. Se pudo observar que algunos sujetos, con una buena dosis de entrenamiento, son capaces de aprender a fingir el efecto. No obstante, en paralelo con todos estos estudios también se comprobó que estos engaños no suelen funcionar si tenemos en cuenta que el efecto Lombard no sólo afecta al nivel de la voz, sino también a su frecuencia fundamental o a la duración de la articulación de los sonidos. Se observó, por ejemplo, que cuando se intenta fingir el efecto se tiende a subestimar el cambio de intensidad en el nivel de voz, y a exagerar el cambio de la frecuencia fundamental.

Otra curiosidad de este efecto es su influencia en la música coral. Los cantantes de coros escuchan menos de lo normal su propia voz debido al sonido del resto de los cantantes que les rodean. Esto hace que la gente en los coros tienda a cantar a un nivel más elevado del adecuado, siendo tarea del director el controlarles.

Por cierto, Lombard mantuvo una disputa con Bárány por la autoría de este descubrimiento. Finalmente se demostró que Lombard tenía razón. Bárány terminó obteniendo el premio Nobel de Medicina por sus trabajos sobre el aparato vestibular del oído.

El test de Lombard no es el único que existe hoy en día para verificar si una persona está fingiendo tener más o menos pérdidas auditivas de las que realmente tiene. Existen muchos otros como el test de Azzi, el de Stenger, etc., pero eso mejor lo dejamos para otro día.

Me levanto por la mañana. Medio dormido, caliento el café en el MICROONDAS mientras escucho las noticias en la RADIO. Me ducho, con mi GEL y CHAMPÚ preferidos, y me pongo ropa, no sé de qué TEJIDO estará hecha. Después, camino del trabajo voy escuchando mi música favorita en mi REPRODUCTOR MP3. Al llegar, consulto el CORREO ELECTRÓNICO, y leo algún periódico por INTERNET. La mañana es una locura, no deja de sonar el TELÉFONO y el MÓVIL. Acabo con un tremendo dolor de cabeza, así que me tomo un ANALGÉSICO para ver si me pasa. Al llegar a casa me pongo a ver un poco la TELEVISIÓN y leo en el TWITTER que @irreductible dice que tengo que dar alguna razón para no recortar el presupuesto de la ciencia en España. ¿Más?

La ciencia nos rodea, sin ella sería imposible entender la vida tal y como la entendemos. Y todo eso es gracias a los científicos, a los investigadores, a los becarios, y a toda la gente que dedica su vida a aprender, investigar, innovar, desarrollar nuevas técnicas y productos. ¿De verdad queremos reducir su presupuesto?

No me gusta mi voz

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Hay una pregunta que seguramente todos nos hemos hecho alguna vez: ¿Por qué me suena tan rara mi propia voz cuando la oigo en una grabación?

En primer lugar tenemos que pensar que cuando oímos nuestra propia voz, el sonido que nos llega al oído interno consta de dos componentes principales: el sonido que ha viajado por el aire directamente desde nuestra boca al oído, y el sonido que viaja por el interior de nuestra cabeza, en forma de vibraciones que se transmiten a través de los huesos. Si eliminamos cualquiera de las dos componentes el resultado será que obtendremos una voz ligeramente distinta a la “normal”, como si la hubiésemos ecualizado.

Al grabar nuestra voz estamos eliminando completamente la contribución de la última vía de transmisión, la ósea, con la consiguiente distorsión al sonido total. Observar este efecto es muy sencillo: basta con taparse los oídos y hablar. Veremos cómo seguimos oyéndonos, pero con un sonido mucho más grave. Pues ese es precisamente el sonido que le estaríamos eliminando a nuestra voz cuando la grabamos. Por eso en la mayoría de los casos nos parece que cuando escuchamos nuestra voz grabada tenemos “voz de pito”: le faltan todos esos sonidos graves que nos proporciona la transmisión ósea.

En segundo lugar existe también una componente asociada a la diferencia entre la audición biaural y la grabación con un micrófono. Cuando se graba la voz con un solo micrófono, se pierde mucha información relativa al entorno acústico (el “qué” y el “dónde”). De hecho se ha podido demostrar que si grabamos nuestra voz utilizando para ello un par de micrófonos colocados en las orejas de un maniquí, el resultado resulta mucho más convincente. Además, cuando grabamos nuestra voz, normalmente el micrófono está situado frente a la boca, no en la posición de nuestras orejas, y debemos tener en cuenta que la directividad de la boca de una persona hablando, sobre todo a altas frecuencias, es lo suficientemente marcada como para que se produzcan diferencias muy significativas entre ambas posiciones. Y todo esto sin entrar a valorar la calidad del equipo con el que estemos grabando, que casi nunca podemos considerar “neutral”, sino que tenderá a ecualizar de una u otra forma el sonido.

Por último también influyen factores psicológicos. El sonido de nuestra propia voz suena como “Yo”, mientras que el sonido de la voz grabada nos suena como “Yo fuera de mi cuerpo”, y eso no cabe duda de que es extraño. Un símil: todos estamos muy acostumbrados a vernos a diario en espejos, pero basta que nos fijemos en la reacción de muchos animales ante su reflejo en un espejo: tienen la misma sensación de “ese no soy yo” que nosotros cuando oímos nuestra voz grabada.

Nacimiento

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Llevaba ya bastante tiempo pensando en abrir un blog dedicado exclusivamente a temas relacionados con el sonido, la audición, etc. Pues bien, al final me he animado, y aquí está el resultado. Espero que poco a poco este sitio se convierta en un punto de encuentro y debate para todos los que somos aficionados a estos temas.

Pues eso, que ya ha nacido, y es blog. Que crezca sano y fuerte.