Esta es una de esas joyitas que de vez en cuando encuentras casualmente por la red. Se trata de un video en el que Grace Hopper (una militar estadounidense) nos explica de forma muy gráfica cómo visualizar un nanosegundo. Yo personalmente nunca había oído hablar de ella, pero al visitar su biografía en Wikipedia, no pude menos que sorprenderme: doctora en matemáticas en 1934 por Yale, se alistó al ejército en plena segunda guerra mundial y colaboró en el desarrollo del primer ordenador electromecánico (el Mark I), desarrolló el primer compilador de la historia (el A-0) y es la madre del lenguaje de programación COBOL. Vamos, casi nada.
El video está en inglés pero se entiende bastante bien. Si no, se pueden activar los subtítulos automáticos, que aunque tienen errores permiten hacerse una idea.
Me ha llegado vía Facebook el siguiente video, en el que se muestra de forma muy gráfica hasta qué punto somos sensibles a la armonía musical. La armonía musical se puede definir como la “ciencia que enseña a constituir los acordes y que sugiere la manera de combinarlos en la manera más equilibrada, consiguiendo así sensaciones de relajación, sosiego (armonía consonante), y de tensa e hiriente (armonía disonante)” (Wikipedia dixit)
En el video podemos escuchar un fragmento del Requiem de Mozart a la vez que se muestra el acorde que está sonando y la sensación parece querer transmitirnos. Merece la pena dedicarle los 3 minutos que dura el video.
Los símbolos que aparece en el video denotan a cada uno de los acordes que se escuchan. Si por ejemplo estamos en la clave de Do Mayor, el I representa al acorde Do Mayor, el II al Re, el III al Mi y así sucesivamente.
Benjamin Zander es, además de director de orquesta, profesor y un comunicador fuera de serie. La charla del video trata, en principio, sobre el liderazgo. Un líder se caracteriza, según Zander, en que “no duda ni por un momento de la capacidad de la gente a la que lidera de realizar lo que sea que él esté soñando”. Y añade “mi trabajo [de director de orquesta] es despertar capacidades en otra gente”.
Un profesor, al igual que un director de orquesta, debe ser capaz de motivar y despertar las capacidades y las habilidades de sus estudiantes. Personalmente me cuesta ver a un profesor como un líder, salvo que entendamos un líder como un orientador (Diccionario de la RAE).
¿Y qué tiene que ver la música con todo esto? Pues bien, para explicar sus ideas, Zander hace uso de una herramienta que conoce a la perfección, y que le apasiona, como es la música clásica. Me encanta ver la facilidad con la que hace que un tema aparentemente complejo y técnico, como es el análisis de una pieza de música clásica, sea accesible a cualquiera. Esto es algo que a cualquier profesor le resultará muy conocido: ¿Cómo hago para que los conceptos que intento explicar, muchas veces abstractos y nada triviales, resulten accesibles y comprensibles a mis estudiantes? ¿Cómo puedo conseguir “llegar” mejor a ellos?
Lo que para el profesor resulta sencillo y evidente, la mayor parte de las veces no lo es para el alumno. Hay por tanto que ser capaz de ponerse al nivel de los estudiantes, para, a partir de ese punto, acompañarles durante todo el resto del proceso. De nada vale dominar una asignatura de principio a fin si luego no somos capaces de llegar a nuestros estudiantes. Estaremos, en todo caso, dando charlas técnicamente impecables, pero no dando clase.
Es por esto que valoro tanto la capacidad de Zander de ponerse al nivel de su público, hacerles entender por qué está cada nota donde está, y enseñarles a escuchar (no sólo a oír) y a sentir esta pieza de piano. Después de ver la charla dan ganas de salir de salir de casa a comprarse el disco.
Hablando de la pieza que interpreta, dice Zander que “para unir el Si con el Mi, tengo que dejar de pensar en cada una de las notas e intentar pensar en el largo camino que va desde el Si hasta el Mi”. Esto, que viene a querer decir “que los árboles no nos impidan ver el bosque”, es lo que debemos intentar que consigan nuestros alumnos. ¿Cómo saber si lo estamos consiguiendo? Para eso hay que ver la charla hasta el final.
Por cierto, la pieza que interpreta es el Preludio en Mi menor (Op. 28, No. 4) de Chopin.
Esta semana comenzaremos a trabajar con las WebQuest en las clases del Máster de Formación de Profesorado. Las WebQuest son una herramienta didáctica muy de moda en los últimos años, y consisten, en palabras de su creador Bernie Dodge, en una “actividad orientada a la investigación donde toda o casi toda la información que se utiliza procede de recursos de la Web”. Tienen la ventaja de que permiten trabajar competencias transversales como el manejo de información o la competencia TIC. Además presentan una estructura constructivista, en la que el estudiante debe transformar la información que encuentra y entenderla, y se enfrenta a la realización de una tarea del “mundo real”, con el componente de motivación que ello conlleva.
Las WebQuest se construyen alrededor de una tarea atractiva que motive al estudiante para hacer algo con la información, implicando procesos de pensamiento superior, y no limitándose a responder preguntas o copiar el contenido de la web. Para llegar a este resultado final, al estudiante se le deben proponer una serie de pasos o proceso a seguir así como unos cuantos recursos en los que podrá encontrar la información necesaria. Por último es importante describir la forma en la que se va a realizar la evaluación y exponer unas conclusiones que recojan todo lo aprendido y cierren completamente el círculo.
Originalmente además las WebQuest son actividades en grupo y por roles, aunque también se pueden diseñar para trabajo individual. Dentro de cada grupo cada estudiante adopta un rol predeterminado distinto al de sus compañeros, de forma que el trabajo se realiza de forma colaborativa.
En cuanto a cómo enfocar las clases en el Máster para explicar esta herramienta, la mejor opción que se me ocurrió es un tanto recursiva: crear una WebQuest en la que la tarea consista en aprender a crear WebQuests. Como herramienta para publicar la página web una alternativa muy cómoda es Google Sites, aunque por supuesto cualquier otro editor o servicio que permita crear una página Web nos serviría.
Seguramente casi todos estamos de acuerdo en que no hay nada como escuchar la música en directo. Sin embargo esto no es siempre posible y por ello una buena grabación es de gran importancia para poder escuchar nuestras canciones favoritas en cualquier momento y lugar. Vamos a remontarnos 150 años, a la época en la que se realizaron las primeras grabaciones musicales.
Fonoautógrafo
El primer dispositivo del que se tiene constancia que fuese capaz de grabar sonidos es el fonoautógrafo, inventado por el francés Édouard-Leon Scott y patentado en 1857. Este dispositivo recogía las ondas sonoras a través de un cuerno y las conducía hasta una membrana a la que estaba atada una pequeña pluma. Ésta “dibujaba” el sonido en algún tipo de material como cristal ahumado o sencillamente papel. Su único problema era que después de grabar el sonido no era capaz de reproducirlo, y por ello no pasó de considerarse una curiosidad de laboratorio, eso sí, útil para el estudio de la acústica.
Caprichos del destino, Édouard-Leon Scott nunca llegó a sacar provecho económico de su invento, y pasó el resto de su vida como librero en París.
Como curiosidad, en 2008 un grupo de científicos tomaron los fonoautogramas que se conservaban en la oficina de Patentes de la Academia Francesa, los escanearon con un sistema desarrollado por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y posteriormente consiguieron traducir las imágenes a sonidos audibles. Uno de ellos, grabado en 1860, consistía en un pequeño fragmento de la melodía “Au clair de la lune” y es la primera grabación conocida que se ha podido reproducir:
Fonógrafo de Edison
Sigamos avanzando. Resulta curioso que para poder disponer de un equipo capaz no solo de grabar sino también de reproducir el sonido hubiese que esperar 20 años, hasta 1877, cuando Tomas Alva Edison presentó el fonógrafo reproduciendo la ya famosa canción de “Mary had a little lamb”. El fonógrafo convertía las ondas sonoras en vibraciones capaces de mover una aguja que van haciendo surcos en un cilindro inicialmente de cartón cubierto de estaño. Para reproducir el sonido no había más que realizar el proceso inverso.
¿Cómo se le daba vueltas al cilindro? Al principio era sencillamente a pedales, aunque pronto se pasó a utilizar un sistema manual de cuerda, similar al de los relojes, accionado con una manivela, y con un sistema de contrapesos para controlar la velocidad. Los avances se van sucediendo, y se consigue construir un cilindro con una capacidad para grabar ¡4 minutos! de sonido. Además, las primeras grabaciones tenían que hacerse de forma individual, ya que no se podían hacer copias del cilindro original. Esto quiere decir que los artistas tenían que repetir las tomas tantas veces como copias quisiesen grabar o bien usar varios fonógrafos que grabasen a la vez.
El siguiente documental nos explica cómo funcionaba el fonógrafo de Edison:
A partir de este momento se empezó a experimentar con distintos materiales materiales como la baquelita o el diamante para aumentar la calidad y la robustez de la grabación, y diez años después, Emile Berliner, un ingeniero alemán, tuvo la feliz idea de cambiar el soporte cilíndrico por uno plano, con lo que se mejora la posición de la aguja y con ello la calidad del registro del sonido. Es el nacimiento del gramófono.
Al principio el gramófono no triunfó, ya que la calidad del sonido de los primeros discos, fabricados de goma endurecida, era peor que la del fonógrafo. Sin embargo este problema se solventó, gracias al uso de materiales como el actual vinilo, y terminó imponiéndose gracias a su menor coste de producción (la producción de grabaciones de fonógrafo en masa era un proceso mucho más complejo), y a que su mecanismo era más sencillo, barato y robusto que el del fonógrafo. No obstante el fonógrafo tenía una ventaja sobre el gramófono, y es que permitía que cualquiera pudiese grabar sus propios cilindros, algo que ni el gramófono ni los discos de vinilo que vinieron después ofrecieron.
Gracias a todo esto hoy podemos escuchar pequeñas joyas que de otro modo se habrían perdido, como la voz del último castrato, grabada en 1902:
A partir de aquí llegaron los tocadiscos, la grabación en estéreo, los soportes magnéticos, etc. Pero todo eso lo dejamos para otra ocasión.
Para quien no lo conozca, Google Académico (o Google Scholar, en inglés) es una versión del buscador de Google pensada para la búsqueda de bibliografía especializada: artículos, actas de congresos, tesis, etc.
Hace unos días este buscador ha añadido la posibilidad de crear perfiles personales en los que se incluyan todas las publicaciones de un autor así como las citas recibidas, e incluso el últimamente tan de moda índice h.
Para crear tu propio perfil lo primero es tener una cuenta en Google (i.e. una dirección de correo de GMail). Si ya la tienes, basta con ir a esta página. Se te pedirá que introduzcas tu nombre, lugar de trabajo y temas de interés, y te mostrará una lista de artículos que considera que son tuyos. En mi caso fue necesario pulir un poco esta lista, ya que algunos no eran míos, y otros aparecían repetidos pero en general el proceso fue bastante cómodo. En el siguiente paso se te muestra tu perfil, que si quieres puedes hacer público para que cuando alguien busque por tu nombre en Google Académico aparezca un enlace a él. A partir de aquí es posible dejar que Google se encargue de actualizar tu perfil de forma automática con nuevas publicaciones, o añadirlas a mano, editar las que hay, etc.
¿Qué tiene que ver la música con el código fuente de un programa? Desde hace tiempo hay gente que, en contraposición con las grandes producciones audiovisuales que consumen montones de memoria y ciclos de procesador, “compite” por generar programas capaces de realizar animaciones o reproducir música con el mínimo número de memoria posible. Estamos hablando de programas de entre 4K y 64 K de memoria que tienen como objetivo conseguir las representaciones audiovisuales lo más completas posible. Las técnicas de programación se fueron perfeccionando con el tiempo, y se llegaron a conseguir resultados francamente impresionantes con mucha menos memoria. El siguiente video es un ejemplo de este tipo de programas, que en este caso sólo ocupa 256 bytes.
Una vez conseguido este reto, muchos programadores proclamaron que los “256 bytes son los nuevos 4K” y se lanzaron a desarrollar programas con mucha menos memoria, con el objetivo de llegar a los 16 bytes de memoria. Para llegar a este límite se suelen utilizar plataformas como el Commodore 64, que permiten generar ficheros ejecutables sin apenas cabeceras y con muy poco código superfluo. Un ejemplo de programa de 23 bytes es el siguiente video, que no resulta tan atractivo visualmente como el anterior, pero sí consigue generar ciertos patrones de sonidos.
Pues bien, hace algún tiempo, un programador finlandés decidió dar un pequeño paso más allá, consistente en generar música con una sola línea de código C. Un programa tan simple como for(;;) putchar(t++) produce una señal en forma de diente de sierra de 31.25 Hz de frecuencia. Basta multiplicar por 2 la t (t++*2) para que suene una octava más alto y a partir de ahí sólo queda experimentar.
El siguiente video muestra varios ejemplos de lo que se puede hacer con sólo una línea de código:
También se pueden ver la segunda y la tercera parte del video con más ejemplos todavía.
Este tipo de sonidos tienen un ritmo que no nos resulta extraño debido a que en la música occidental los compases binarios son muy habituales. En particular, lo sintetizadores suelen utilizar este tipo de estructuras por simplicidad, y así es normal encontrarse con que cuatro pulsaciones formen un compás, y cuatro compases un patrón. Un ejemplo muy gráfico de cómo este tipo de estructura binarias son capaces de generar ritmos que nos resultan familiares es el siguiente video:
Si quieres experimentar un poco sin necesidad de compilador ni nada por el estilo, prueba esta herramienta javascript en la que basta con introducir el código que se quiere probar y ella ya se encarga de generar el sonido correspondiente. Un código tan simple como t&t>>8 ya es capaz de producir un patrón rítmico bastante interesante. Otro ejemplo que merece la pena probar es:
El proceso hasta el momento se basa en ensayo-error, y aunque los resultados pueden llegar a ser sorprendentes, falta todavía encontrar un método más sistemático que permita no trabajar a ciegas.
La relación entre la música y la ciencia es a veces mucho más estrecha de lo que pensamos. Para demostrarlo, hace algún tiempo que desde la FECYT crearon una lista de reproducción pública para Spotify en la que van incluyendo canciones que de una u otra manera (algunas muy cogidas por los pelos) tienen relación o hacen mención a algo relacionado con la ciencia.
Como muestra, un video del grupo They might be giants, de los que ya había publicado algo hace algún tiempo:
Si quieres escuchar la lista completa (ahora mismo incluye 96 canciones), aquí tienes el enlace para Spotify.
En un interesante artículo, Steve Wheeler expone cuatro razones por las que cualquier profesor debería tener un blog. Voy a tomarme la libertad de exponer estas cuatro razones y comentarlas brevemente desde mi punto de vista.
La primera razón es que un blog ayuda a ordenar las ideas. Estoy de acuerdo en esto aunque con matices, ya que si bien el escribir una entrada en el blog implica un trabajo previo de preparación de los materiales, organización mental, estructuración del texto y múltiples revisiones y pequeñas correcciones, esto no es menos cierto en muchas otras actividades diarias que nada tienen que ver con el blog: preparar una clase, escribir un artículo científico, preparar una propuesta de proyecto, etc.
Una segunda razón es la potencial audiencia mundial que puede llegar a tener un blog, con lo que ello conlleva de influencia. No creo que necesariamente más visitas impliquen mayor éxito cuando hablamos de un blog académico, pero es cierto que es un blog es la mejor manera de difundir y popularizar nuestro trabajo y nuestras ideas.
El blog es una fantástica herramienta para el diálogo. Totalmente de acuerdo. El diálogo, la participación, es la base de prácticamente toda la Web hoy en día (lo que nos gusta llamar Web 2.0).
Por último, es fácil, rápido y barato. Cualquiera puede crear un blog, y con un poco de esfuerzo echarlo a andar y crear una pequeña comunidad alrededor de él. Totalmente de acuerdo. ¿Quieres crear un blog? En 5 minutos lo puedes tener listo y funcionando. Tan sólo te queda pensar sobre qué quieres escribir.
Por si estas cuatro razones fueran poco, me voy a permitir exponer alguna más que se me ha venido a la cabeza al reflexionar sobre el artículo:
El blog te permite obtener realimentación inmediata. Sé que esto va muy ligado a lo que decía antes sobre el diálogo, pero para mí tiene la suficiente importancia como para escribirlo aparte. En el momento en el que pulsas el botón “publicar”, tu artículo está ahí, disponible para quien lo quiera leer, y cualquiera puede refutar tus ideas, proponerte algún problema que no habías considerado o sencillamente reafirmarte en algo que ya sabías. a
El blog estimula la creatividad a la hora de expresar tus ideas. Cuando escribo alguna entrada en el blog le doy mil vueltas a cómo expresar lo que quiero decir, bien sea con palabras o con imágenes o incluso sonidos. El único límite a la hora de expresarse lo pone la imaginación de cada uno.
Escribiendo en el blog se aprende. El proceso de preparar una entrada en el blog normalmente te exige consultar otras páginas web, otros blogs, artículos, etc. Ese proceso de documentación lleva consigo un gran proceso de aprendizaje y también de maduración de lo aprendido, muy positivo para el profesor de cara a preparar y dominar cada uno de los temas de su asignatura.
El blog te ayuda a conocerte a ti mismo. Dicho así puede sonar pretencioso, pero escribir en el blog me ayuda a saber qué es lo que pienso. Muchas veces ocurre que, al ponerlas por escrito, algunas de nuestras ideas ya no nos resultan tan convincentes como cuando sólo sonaban en nuestra cabeza. Es entonces cuando la búsqueda de otras opiniones o puntos de vista alternativos nos ayudan a formar o reformar esa opinión y hacerla más sólida.
Es divertido. Posiblemente sea la razón más tonta pero no por ello menos importante. Disfruto escribiendo en el blog, preparando cada entrada, pensando en cómo orientarla, cómo hacerla atractiva para el que la lea.
Además de todo lo anterior, los estudiantes del máster de profesorado me han dado unas cuantas ideas más a través de sus respectivos blogs que me apetece recoger aunque sea muy brevemente:
Samanta dice que el blog permite que los alumnos participen y opinen dejando atrás la vergüenza que suelen tener al hacerlo en clase. Como comentábamos el otro día en clase, está claro que este tipo de tecnologías se acercan mucho más al lenguaje que la mayor parte de los estudiantes actuales dominan, aunque no debemos olvidar que el hablar en público es una competencia necesaria, y no debemos dejarla de lado.
Francisca habla de la facilidad para mantener los contenidos actualizados y vigentes de forma constante, algo que también destaca Beatriz, sobre todo en asignaturas tan cambiantes como Tecnología.
Samanta y Beatriz coinciden en otro tipo de ventajas, como la ecología, ya que no cabe duda de que se puede llegar a ahorrar mucho papel en determinados casos. No sé hasta qué punto esto puede llegar a ser significativo, pero no cabe duda de que podría serlo si nos lo proponemos.
Jessika le pone alguna pega al uso de los blogs, sobre todo la demanda de trabajo extra por parte del profesor, y la sensación de tener que estar disponible las 24 horas del día. Personalmente no creo que tenga por qué ser así, pero sí es cierto que puede llegar a serlo, y hay que ser consciente de ello y ser capaz de delimitar claramente el horario y la dedicación que le podemos asignar a este tipo de actividades.
Algo parecido le sucede a Mónica, que teme por lo fácil que puede resultar de “sabotear” por parte de un alumno rebelde. Más que un problema de la herramienta en sí, es una debilidad, de la que debemos ser conscientes y también para la que debemos tener las soluciones necesarias en caso de producirse.
En otro sentido, Andrés compara el uso de este tipo de técnicas con aquellas propuestas por Giner de los Ríos, padre de la Institución Libre de Enseñanza, que tenían como objetivo ampliar los límites del aula, bien sea realizando excursiones como entonces, o navegando por la red, como ahora.