La sala más silenciosa del mundo

Imaginemos que queremos medir con precisión el ruido que produce el motor de un nuevo modelo de coche, para verificar si cumple con la normativa de emisión de ruido. ¿Qué tendremos que hacer? No es tan simple como acercarnos con un micrófono y medir. Tenemos que garantizar que lo que estamos grabando es única y exclusivamente el ruido debido al motor, y no a ninguna otra cosa. Necesitaremos por tanto aislar el ruido producido por ese motor de cualquier otro ruido, para lo que se deberán cumplir dos condiciones:

1) Que en el lugar donde estamos grabando no exista ningún otro ruido, o lo que es lo mismo, que esté perfectamente aislado del exterior.

2) Que el propio recinto en el que estemos no afecte de ningún modo al sonido que estamos midiendo: que no haya ningún tipo de ecos o reverberación.

Las salas que cumplen con estas características se conocen como cámaras anecoicas, y suelen estar construidas con paredes dobles, aisladas estructuralmente del resto del edificio (para evitar que se nos cuele cualquier sonido o vibración del exterior), y todas sus paredes están forradas de una gruesa capa de material absorbente, generalmente en forma de cuña, como se ve en la imagen de cabecera, y que puede tener en torno a 1 metro de grosor. De esta manera se pretende que sean capaces de absorber prácticamente el 100% del sonido que les llega, de forma que éste no sea reflejado de vuelta (lo que conocemos como reverberación).

Actualmente el caso más extremo de una sala de este tipo pertenece a la empresa Microsoft, que en sus instalaciones de Redmond dispone de la que se considera como la sala más silenciosa del mundo, al menos según el libro Guinness de los récords.

Al parecer, según las medidas realizadas en la sala, el nivel del ruido de fondo en la sala es de sólo -20,6dBA. Y eso, de verdad, es realmente poco. Vamos a poner este número en contexto: el sonido más débil que teóricamente puede existir, conocido como ruido Browniano, y producido por el movimiento aleatorio de las moléculas en el aire, es de -23dB. El sonido más débil que los seres humanos somos capaces de percibir es de 0dB, y si seguimos subiendo, el sonido de una respiración suave serían unos 10dB, una conversación tranquila en torno a 60dB, y el sonido más fuerte conocido, la erupción del volcán Krakatoa, 170dB.

Aquí, un vídeo del momento en el que verificaron el nivel de ruido de fondo dentro de la sala:

La experiencia de entrar en una sala de estas características es tal que a la mayor parte de la gente le resulta muy incómodo permanecer mucho tiempo en ella. En esta línea hay estudios que demuestran que las personas expuestas a este tipo de salas durante 15 minutos y a oscuras, pueden llegar a experimentar sensaciones de psicosis, e incluso existen leyendas urbanas que afirman que nadie ha sido capaz de permanecer más de 45 minutos en una de estas salas. De desmentir esto último se han encargado muchas personas, como este periodista de The Guardian, o este otro, que incluso grabó un vídeo durante su estancia dentro de la sala, de más de una hora de duración:

¿Y para qué sirven las cámaras anecoicas? Bien, pues tienen múltiples aplicaciones. Muchas empresas utilizan este tipo de instalaciones para comprobar cómo de ruidosos son sus productos, e intentar evaluar por ejemplo lo ruidoso que es un aparato de aire acondicionado, o un lavavajillas. Otra aplicación muy típica es lo conocido como el estudio de la calidad sonora de un producto. Un caso muy típico es el ruido que hacen las puertas de los coches al cerrarse. Se ha comprobado que lo primero que un potencial comprador escucha de un coche, no es el ruido de su motor, sino el sonido de sus puertas al abrirse y al cerrarse, cuando lo ve en el concesionario. Muchas marcas de coches invierten mucho esfuerzo en conseguir que este ruido transmita sensación de robustez y calidad, como se demuestra en este vídeo de BMW:

En el caso particular de Microsoft, al parecer utilizan esta cámara anecoica principalmente para probar los micrófonos y altavoces de sus tablets Surface, así como su asistente virtual Cortana.

Quizás esta sala anecoica sería el sitio ideal para interpretar la pieza 4’33” de John Cage, una obra para piano (sic) cuya partitura lo único que dice es que el intérprete debe permanecer 4 minutos y 33 segundos en silencio, sin tocar el instrumento. Sin comentarios.

Imagen de cabecera: imgur

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