Los MOOC, ¿el futuro de la educación?

8028605773_857fcd5548Si hay un tema del que se habla a todas horas en los últimos tiempos en el mundo universitario son los cursos online abiertos como los puestos de moda por Coursera, Udacity, Khan Academy o edX. Estoy hablando de los MOOC, acrónimo de Massive Open Online Courses. Muchas universidades han visto en este tipo de cursos una gran oportunidad para ganar estudiantes y promocionarse de cara al exterior. La Universidad en la que trabajo, y me consta que no es la única, ya está trabajando para ofrecer una colección de cursos en la plataforma Miriada X (una plataforma formada por universidades iberoamericanas). Pero… ¿es oro todo lo que reluce?

Personalmente todo lo que está sucediendo me recuerda en parte a lo que le pasó a la industria musical cuando empezaron a surgir las descargas por internet. Montar todo un modelo de negocio y una infraestructura sólida que permita un cambio de paradigma como el que el mercado demandaba no se hace de la noche a la mañana, y así unas pocas supieron interpretar bien la situación y adaptarse, pero muchas se quedaron atrás, temerosas de perder su hasta entonces privilegiada posición, otras se intentaron lanzar a su cuenta y riesgo (con más riesgo que cuenta), otras se agarraron al primer tren que pasaba sin saber a dónde iba, porque «había que estar», etc. Con los MOOCs sucede algo parecido. Montar un curso online de estas características no se puede improvisar, ni lo puede hacer cualquiera. Requiere una cantidad de esfuerzo descomunal: planificar del curso, preparar los contenidos, grabar los vídeos, producir todo el material multimedia, etc.

Algunas universidades participantes en la plataforma Coursera han cuantificado el coste que les supone ofrecer un curso en unos 50.000 dólares, la mayor parte de los cuales se invierten en pagar la grabación y producción de los vídeos, y en pagar a profesores ayudantes que moderan los foros de discusión. ¿Estamos dispuestos a invertir en este modelo sin tener totalmente claras las posibles formas de recuperar la inversión? Aquí sobrevuela, como de costumbre en estos casos, el fantasma del «coste cero». Hay que montar cursos, pero sin que suponga coste añadido para la Universidad. ¿Y mis clases presenciales? No, esas se mantienen como siempre. ¿Y la investigación? Eso por supuesto no cambia. ¿Se me va a tener en cuenta en mi curriculum? Bueno, hay que pensarlo, ya veremos cómo. Vamos, la misma historia de siempre. Si lo que pretendemos es reciclar nuestras viejas asignaturas y ponerles una etiqueta que diga MOOC porque está de moda, adelante, pero nos podemos preparar para la bofetada, porque va a ser de impresión.

Si queremos hacer la prueba, basta con inscribirse en media docena de estos cursos, y podremos darnos cuenta de que unos pocos son excepcionales, otros no tanto, aunque buenos, y otros no son más que colecciones de transparencias con un foro detrás y algún que otro vídeo sacado de YouTube. Si queremos entrar a competir en este mercado debemos ofrecer un producto lo suficientemente atractivo y competitivo. Con un número cada vez mayor de cursos ofertados, la gran amenaza es no ser capaces de destacar y atraer a un número suficiente de estudiantes.

Si pensamos ahora en las fortalezas de estos cursos, está claro que ofrecen a cualquier persona del mundo, esté donde esté, la posibilidad de asistir a cursos impartidos por profesores de las universidades más prestigiosas del mundo. Y además de forma gratuita. Yo mismo he seguido varios de estos cursos (algunos muy por encima, todo hay que decirlo), relacionados bien con mi actividad investigadora, o con las materias de las que imparto clase, para ver otras formas de enfocar los mismos contenidos, metodologías distintas, etc., o incluso por puro hobby. Y reconozco que algunos me han servido para mucho. Hace unos días, un columnista del New York Times decía, hablando de estos cursos, que «nada tiene mayor potencial para sacar a la gente de la pobreza – aportándoles una educación asequible para poder conseguir un trabajo o mejorar en el que tengan«. Está claro, pues, que su aparición ha supuesto un antes y un después en el mundo de la educación, y que, como poco, han servido de toque de atención a muchas Universidades, que han visto cómo su modelo de trabajo tradicional se puede ver amenazado por esta nueva forma de enseñar.

Si he hablado de las amenazas que se ciernen sobre estos cursos y de sus fortalezas también es necesario hablar de sus debilidades. Estamos hablando además de cursos donde la palabra «masivo» no esta ahí de casualidad. Los MOOC están diseñados para funcionar bien si el número de estudiantes es de miles; si no, el curso sencillamente no funciona. Y tener miles de estudiantes implica que la infraestructura y planificación necesarias para manejarlo todo es de vital importancia. Un ejemplo es el reciente fiasco del curso sobre creación de cursos online ofertado por Coursera, que se tuvo que suspender por las quejas de los estudiantes. Sus profesores plantearon utilizar hojas excel de Google Docs para crear los grupos, y la cantidad de alumnos (creo recordar que eran del orden de 40.000) sobrepasó la capacidad de Google Docs (que no permite que más de 50 personas editen un mismo documento) creando un caos absoluto.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que este tipo de cursos asumen que los estudiantes que se inscriben tienen suficiente interés por aprender y unas buenas aptitudes para el aprendizaje autónomo. Todas las interacciones se realizan entre iguales, en foros donde las preguntas las responden los propios alumnos, y el profesor interviene sólo en contadas ocasiones, cuando es imprescindible. Para muchos estudiantes, que saben perfectamente lo que quieren y cómo lo quieren, estos cursos son una excelente opción. El problema es que para otros muchos, el modelo de los MOOC carece de un componente esencial en la enseñanza: la relación profesor-alumno. El profesor como mentor, o como guía del aprendizaje no tiene cabida aquí. Podemos echar un vistazo a los porcentajes de éxito de estos cursos (en torno al 10%) para darnos cuenta de hasta qué punto no son capaces de enganchar a todos los alumnos.

¿Y las oportunidades? Claramente la principal es el dinero. Sí, la mayor parte de los cursos son gratuitos, pero se trabaja mucho para ver la forma de obtener ingresos a partir de ellos. Una posibilidad que empiezan a aplicar algunas Universidades es ofrecer los cursos de forma gratuita a cambio de créditos. Si completas el curso y después te matriculas en la Universidad, se te reconoce un determinado número de créditos correspondientes a la materia del curso. Es algo así como una prueba gratuita del producto, y si te gusta, entonces te matriculas y pagas.

Otra oportunidad de negocio es la publicidad. Para cualquier empresa, el tener acceso a un grupo de miles de personas con un interés declarado en un tema concreto es una clarísima ocasión para intentar promocionar su producto.

El tiempo nos dirá cómo afectan los MOOC al modelo tradicional de Universidad, y si ambos sistemas son capaces de convivir y complementarse. Si no conocías los MOOC o nunca has probado a inscribirte en uno, te animo a que lo hagas y si quieres, a que compartas tus impresiones en los comentarios.

Imagen de cabecera: Enrique Alexandre
Poster MOOC: Flickr

4 opiniones en “Los MOOC, ¿el futuro de la educación?”

  1. Interesante reflexión. Yo diría que hay un punto extra a tener en cuenta, que además soluciona el tema de la financiación: el potencial como alternativa a la educación superior presencial. Aún no se ha alcanzado una calidad equivalente a la educación presencial, pero no creo que falte mucho para ello, y con tanto público interesado el coste por alumno (la matrícula) sería irrisorio. Yo de hecho lo preferiría a pagar matrículas que ronden los 2000€, como ahora.

    1. Muchas gracias por tu comentario, Daniel. Efectivamente, falta por ver si este tipo de cursos son capaces de convertirse en una alternativa seria a la enseñanza universitaria tradicional. En mi opinión son más un complemento, sobre todo a la enseñanza de posgrado, y no tanto a la de grado, pero todo está cambiando muy rápido.

  2. A mí también me ha parecido muy interesante la reflexión. Creo que la educación a distancia, con las tecnologías y el tipo de vida que hay ahora, tiene muchísimas posibilidades, y quizás tenga que empezar por los MOOC. Además de las ventajas «logísticas» que tiene estudiar así, es una buena manera de saber si te gusta un tema sobre el que quieres aprender. Estaría dispuesta a pagar por cursos online de calidad con interacción con el profesor y menor número de alumnos para profundizar en un tema con el que me haya iniciado con un curso online gratuito.

    1. Muchas gracias por tu comentario Leticia. Me parece muy interesante la posibilidad que comentas, de ofrecer el curso online gratuito como «prólogo» de un curso más completo y personal por el que sí que pagarías una matrícula si lo quisieses hacer. He oído de alguna universidad que planea utilizar estos cursos como «curso cero», para preparar a sus futuros estudiantes y darles los contenidos que necesitan para comenzar la carrera.

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