La calculadora que salvó la vida de su inventor

Hace poco leí el libro “Pattern Recognition” de William Gibson, que en español se tradujo de forma inexplicable como “Mundo espejo”. El libro narra la historia de Cayce Pollard, una consultora con una sensibilidad especial para las imágenes corporativas. Cayce es contratada para investigar unos vídeos que alguien sube de forma anónima a la red en torno a los cuales se ha generado toda un fenómeno de culto. La novela habla de la necesidad que tenemos las personas de encontrar patrones de significado, y el riesgo que tiene el encontrar patrones en datos sin ningún sentido. La verdad es que es uno de los libros que más me ha gustado en los últimos años, por lo que recomiendo su lectura a todo el mundo.

A lo que vamos. En un momento dado, uno de los personajes del libro menciona la calculadora Curta, y se habla del mercado de coleccionistas que hay alrededor. Hasta ese momento nunca había oído esa palabra, así que inmediatamente busqué en la red si esa calculadora existe de verdad y en qué consiste, ya que me encantan este tipo de aparatos “retro-tecnológicos”.

Pues bien, sí que existe, y fue creada por Curt Herzstark, un austriaco que trabajaba como técnico en la empresa de su padre. En 1938, a la edad de 36 años, patentó la idea de una calculadora mecánica capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir, pero Hitler se interpuso en su camino. La invasión alemana de Austria hizo que le fuese imposible empezar a producirla ya que su fábrica fue confiscada y dedicada la fabricación de instrumentos para el ejército.

En 1943, Curt fue detenido y trasladado a una prisión en Praga acusado de ayudar a los judíos. Poco después fue trasladado al campo de concentración de Buchenwald, lo que él mismo califica como “tener suerte”, dadas las condiciones de vida en la prisión anterior. De hecho, durante todo este periodo de tiempo su salud sufre un importante deterioro. La suerte cambió cuando se enteró de que el comandante del campo conocía el trabajo que había venido realizando con calculadoras, y le permitió seguir trabajando en su idea en un campo cercano más grande y con mejores condiciones de vida. El trato era que cuando tuviera la calculadora fabricada se la regalaría a Hitler para celebrar que habían ganado la guerra. Obviamente esto nunca se produjo, pero este hecho posiblemente salvó la vida de Curt Herzstark.

En 1945, tras haber sido liberado por los americanos, produjo los primeros prototipos de la calculadora, pero no fue hasta 1948 cuando se empezó a producir de forma industrial. Esta historia también es curiosa, ya que inicialmente la calculadora se iba a producir en Austria, pero el príncipe de Liechtenstein le ofreció construir su fábrica en su país, y así fue como se fundó la empresa Contina AG.

Se fabricaron dos modelos distintos de la calculadora Curta: el modelo I con 8x6x11 posiciones (8 dígitos de entrada, 6 para el contador de revolución y 11 para la salida), y el modelo II en 1954 con 11x8x15 posiciones. Hasta 1972, año en que se dejaron de fabricar, se produjeron unas 80.000 curtas modelo I y 60.000 modelo II.

Con un curioso parecido a un molinillo de pimienta, esta calculadora es considerada como una maravilla de la mecánica. No solo es capaz de realizar las cuatro operaciones aritméticas básicas, sino que es compacta (cabe en una sola mano) y puede proporcionar hasta 15 dígitos de precisión. Además es sencillo deshacer un error y no se puede borrar todo por error, ya que un anillo de protección lo impide.

Una curiosidad: el método utilizado para conseguir restar dos números, es el del complemento a 9. ¿Cómo funciona esto? Imaginemos que queremos restar 324.546 y 2.017. Lo que tenemos que hacer es calcular el complemento a 9 de 002.017, que no es más que restar 9 a cada uno de sus dígitos: 997.982. Ahora, hay que sumar los dos números: 324.546 + 997.982, y el resultado es 1.322.528. Para obtener el resultado final basta con eliminar el dígito de mayor orden (1) y sumar uno al resultado: 322.529. Y todo esto sin que el usuario tenga que saber qué es un complemento a 9 ni se dé cuenta de nada. El truco está en utilizar un juego doble de dientes en el tambor de la calculadora, uno para las sumas y otro para las restas. Las multiplicaciones y divisiones se hacen sencillamente repitiendo sumas y restas tantas veces como sea necesario, pero con un mecanismo de pasos que hace que las multiplicaciones de números grandes no lleven más de 10 ó 12 giros.

La verdad es que me encantaría tener un cacharro de estos, pero viendo que en ebay se cotizan a unos 900 euros me temo que me tendré que quedar con las ganas…

Más información: The CURTA Calculator Page

3 opiniones en “La calculadora que salvó la vida de su inventor”

  1. Fantástico invento.
    Hablando de retrotecnología, me vinieron a la cabeza el tema del ajedrez y los ooparts.
    En temas de ajedrez, aunque “El Turco” de Kempelen fue una estafa (en realidad se escondía un tipo dentro), sirvió de precedente a Torres Quevedo, que sí inventó a principios del siglo XX una máquina capaz de jugar por sí misma partidas de ajedrez (eso sí, tardaba la intemerata).
    Y para oopart (artefacto “fuera” de su tiempo), uno de los más famosos: la máquina de Antiquitera. Una especie de reloj/calendario mecánico que se encontró sumergido entre los restos de un naufragio de hace 2000 años.
    Mundo curioso.

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