El trabajo de profesor te recompensa, de vez en cuando, con momentos especiales que compensan con creces todas las horas de trabajo y los sinsabores que te has ido encontrando por el camino.
Estos “momentos” pueden tomar distintas formas: personas que se cruzan en tu camino, frases dichas de pasada, un aplauso espontáneo, una mirada que se ilumina, etc. En los años que llevo en la Universidad he tenido la suerte de vivir, de disfrutar, muchos de estos momentos, y por eso siempre digo que tengo el mejor trabajo del mundo.
Hoy ha sido uno de esos momentos.
Ya he hablado de “ellos” en más de una ocasión en este blog, pero hoy el protagonista es uno.
Enhorabuena Miguel. Y gracias.