Blogs, microblogs y educación

La semana pasada terminamos en el Máster de Formación de Profesorado el tema dedicado a los blogs. Mi objetivo, en este tema como en todos los demás, es sencillamente presentar en clase una herramienta, y discutir entre todos sus posibles aplicaciones al mundo de la enseñanza, valorando tanto sus pros como sus contras. Siempre insisto en que una misma herramienta puede ser muy útil para un profesor y perfectamente inservible para otro, sin que ello haga que uno sea mejor profesor que el otro. Cada uno tenemos nuestra forma de afrontar la docencia, nuestra filosofía, y nos podemos sentir cómodos con unas herramientas u otras. El objetivo no es, ni debe ser, aplicar en nuestra docencia todas las posibles tecnologías habidas y por haber, sino disponer de un abanico lo más amplio posible de herramientas para poder aquella o aquellas que mejor se adapten a nuestras necesidades.

Pues bien, personalmente veo el blog como una versión actualizada del portafolio de aula de toda la vida, últimamente tan de moda, en el que alumno va relatando todo su andar por el proceso de enseñanza-aprendizaje, los problemas que se ha ido encontrando, cómo los ha ido superando, y la evolución que ha seguido durante el curso. Un blog no es más que esto, una sucesión temporal de reflexiones, trabajos, problemas, pero en formato electrónico.

No obstante el blog tiene la ventaja, siempre desde mi punto de vista, de ser visible no solo por el profesor, sino también por todos los estudiantes, lo cual favorece la interacción, los comentarios, el debate. Todo esto nos ayuda a centrar el aprendizaje en el estudiante, a fomentar la creatividad y el trabajo colaborativo, y un montón de palabras más de esas que tanto nos gustan. El trabajo se puede organizar de multitud de formas: blogs de profesor, blogs comunes entre profesor y alumnos, blogs individuales de alumnos, etc. La primera, la del blog del profesor, ha sido la que más «simpatías» generó en el debate.

También hablamos de los problemas que pueden surgir, que si bien no deben servirnos como excusa, sí que deben ser tenidos en cuenta para evitar cualquier sorpresa desagradable. Temas como el filtrado de contenidos, la minoría de edad o la preocupación sobre la necesidad de permisos paternos centraron el debate en este punto. La evaluación, por supuesto, también tuvo un hueco en el debate. ¿Cómo debemos evaluar la actividad del estudiante en el blog? ¿Se evalúan las entradas o también los comentarios? ¿Debe plantearse el blog solo como una actividad «extra», para subir nota? ¿Se debe obligar al estudiante a mantener un ritmo de publicación constante, o mínimo? Las opiniones fueron muy variadas, y entramos, cómo no, en el terreno de las competencias, y cómo en función de cuáles queramos o debamos desarrollar, así debemos plantear nuestra metodología, y nuestro sistema de evaluación y calificación.

Por último, hablamos en clase de un primo del blog, el microblog, y en particular del twitter. En este caso tengo que reconocer que me cuesta encontrar el hueco del twitter en la educación, y lo mismo nos pasó en clase. Creo que es una herramienta que puede resultar muy útil para que el profesor distribuya avisos o recordatorios relacionados con la clase, pero todos los ejemplos que he leído que intentan llevarlo un poco más allá no han terminado de convencerme, y tampoco lo han hecho al grupo de clase.

Esta semana hemos empezado con las wikis. Pero eso es otro tema.

(Imagen: juncadella.net)

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